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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 26

—Ya te dije todo lo que tenía que decirte. Solo te pido que tengas un poco de piedad y me dejes en paz.

—¿Dejarte en paz?

La mirada de Cristian rebosaba sarcasmo.

Echó un vistazo hacia las puertas principales, detrás de Zoa, y luego le indicó a su asistente que lo sacara de allí.

Zoa sabía perfectamente que él jamás la dejaría en paz.

Después de todo, él amaba profundamente a Isabella.

Ellos habían estado esperando un hijo juntos, ¿cómo iba a perdonar a la culpable de todo eso tan fácilmente?

Y ella sabía que, por más que le suplicara de rodillas, su destino no iba a cambiar.

Por eso había usado el concurso de danza como excusa, para desviar su atención.

Una vez que logró calmar su respiración, volvió rápidamente a su habitación.

Lamentarse ahora no servía de nada. Tenía que limpiar su nombre y calmar la tormenta mediática en tres días.

Tenía que destruir por completo la idea de Cristian de obligarla a embarazarse.

Agarró su teléfono y marcó al Hospital San Andrés.

—Hola, ¿la doctora Jiménez del área de ginecología está disponible?

—¿La doctora Jiménez? Es la única doctora con ese apellido en nuestro departamento, y acaba de irse a un programa de intercambio en el extranjero.

—¿Al extranjero? —Zoa no pudo ocultar su sorpresa.

—Así es.

—Entiendo.

Colgó el teléfono y se dejó caer pesadamente sobre la cama.

Estaba segura de que todo era obra de Cristian.

La médica que la había revisado mágicamente se había ido del país. Era el crimen perfecto, sin testigos.

Justo cuando estaba al borde de la desesperación, por el rabillo del ojo vio unas pantuflas de hombre al lado de la cama.

Quizás había otra persona que podría ayudarla.

...

Zoa lavó las pantuflas, bajó a la cocina y preparó una infusión caliente de manzana y canela.

Llevando todo en una bandeja, caminó por el sendero hacia el Ala Oeste.

Tocó a la puerta, y el que abrió fue Mateo.

Ella esbozó una sonrisa amable.

—Mateo, vine a devolver las pantuflas. Y preparé esta infusión como agradecimiento para Don Rio por haberme ayudado estos días.

Al decir esto, dio un paso para entrar.

Pero Mateo levantó un brazo, bloqueándole el paso.

—Señora Quintero, Don Rio dice que no es necesario devolver las pantuflas. Además, él no toma infusiones dulces. Es mejor que se la lleve y se la sirva a su esposo.

Zoa se quedó paralizada por un segundo, captando el rechazo directo.

Pero quería intentarlo una vez más.

—Mateo, entonces, ¿qué le gusta a Don Rio? Puedo prepararle otra cosa.

Capítulo 26 1

Capítulo 26 2

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