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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 22

Mateo supo de inmediato que debía cerrar la boca. Cambió rápidamente de tema.

—Don Rio, tal como lo predijo, Cristian fue otra vez a revisar las grabaciones de seguridad.

—Mhm.

—¿Por qué no se lo dijo a la señora Quintero...?

Al toparse con la mirada profunda y oscura de Rio, Mateo volvió a callarse.

...

A la mañana siguiente, lo que despertó a Zoa no fue la alarma, sino un recordatorio en su calendario.

Era la fecha límite de inscripción para el Concurso Juvenil de Danza.

Ese había sido su gran sueño al graduarse.

En su sueño premonitorio, para esta fecha ya estaba postrada en una cama de hospital recibiendo tratamientos de fertilidad, y al ver el recordatorio, lo había borrado con los ojos llenos de lágrimas.

En realidad, la primera que había querido bailar no fue ella, sino Isabella Serna.

Como a sus padres les preocupaba que Isabella sufriera mucho en las clases, mandaron a Zoa junto con ella.

La excusa era que las hermanas debían cuidarse mutuamente, pero la verdad era otra...

Desde pequeña, Zoa no solo tenía que prepararle las zapatillas y el vestuario a Isabella.

También tenía que tenerle lista su agua tibia para cuando terminara de calentar.

Si Isabella no llegaba al peso ideal y le prohibían comer, Zoa, a pesar de estar en plena etapa de crecimiento, también tenía que aguantar el hambre a su lado.

Una vez, no soportó más el vacío en el estómago y se robó un pedazo de pan.

Su madre le dio una cachetada tan fuerte que no paró hasta que Zoa escupió las migajas.

—¿Tan golosa eres? ¡Tu hermana se está esforzando muchísimo para bajar de peso para la competencia y tú te atreves a andar robando comida ahora! ¡Siempre queriendo llamar la atención! ¡Esta noche te quedas sin cenar!

Desde ese día, Zoa jamás volvió a cenar.

Y eso no era todo.

Isabella tomaba clases privadas con un maestro de renombre, mientras Zoa era metida en un salón con docenas de niñas.

Al principio detestaba la danza, pero con el tiempo le fue gustando más y más, hasta que empezó a disfrutar inmensamente la sensación de entregarse al baile.

Poco a poco, pasó de ser un simple relleno en la fila de atrás a ganarse el puesto en la primera fila.

Incluso el maestro famoso que entrenaba a Isabella se fijó en ella.

Le dijo a sus padres que estaba dispuesto a aceptarla como alumna sin cobrarles ni un centavo más.

Capítulo 22 1

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