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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 23

Incluso había una foto de Zoa bajándose el pantalón para hacerse una ecografía.

En la imagen, se la veía con una mano bajando el borde del pantalón y la otra levantando su blusa.

Aunque era una toma de perfil, el ángulo era malicioso, haciéndola lucir... vulgar.

Y la única persona que pudo haber tomado esa foto desde ese ángulo era una sola.

La doctora.

Esa misma doctora que, insistiendo en que necesitaba hacer un chequeo completo, le había pedido repetidas veces que se bajara más el pantalón.

Por el bien de sus resultados, Zoa no le dio importancia.

Jamás imaginó que eso se traduciría en una avalancha de comentarios despiadados.

«¡Resulta que es estéril y le aterra que su marido la bote, por eso buscó a una doctora para falsificar los reportes! ¿Tan bueno es en la cama tu cuñado? Mira qué cara de placer tiene haciéndose la ecografía.»

«Una mujer capaz de seducir al prometido de su propia hermana seguro está más usada que un trapo viejo. A saber cuántos abortos lleva ya encima.»

«Dicen que su hermana iba a ser la bailarina principal del país, incluso tenía ofertas de compañías en el extranjero. Tenía el amor y el éxito asegurados. Pero como ella también bailaba y estaba enamorada de su cuñado, seguro se volvió loca de envidia.»

«Pobre Cristian. No solo esta víbora le mató al amor de su vida y a su bebé, sino que lo dejó discapacitado y lo obligó a casarse con ella. Y ahora falsifica sus exámenes médicos. ¡Prácticamente lo quiere dejar sin descendencia! Esta mujer da terror.»

Los comentarios de los internautas se volvían cada vez más despiadados.

Incluso descubrieron sus cuentas personales que no actualizaba hace tiempo, y su bandeja de entrada se llenó de propuestas repugnantes.

Apretó el teléfono con fuerza, con la mente hecha un torbellino.

De repente.

La puerta de su habitación se abrió de un golpe brutal.

Antes de que Zoa pudiera reaccionar, los guardaespaldas de la familia Quintero la arrancaron de la cama.

Instantes después, la empujaron con violencia y cayó al centro del salón principal de la mansión.

Con su cuerpo ya debilitado por las heridas y la fiebre, le tomó varios segundos reunir fuerzas para medio incorporarse.

Al levantar la vista, se topó con las miradas furiosas de Don Claudio y los demás ancianos de la familia.

Y con el asco absoluto en los ojos de Cristian.

Hubo unos segundos de silencio, rotos abruptamente por el sonido apresurado de unos tacones.

A lo que siguió una bofetada fulminante.

Zoa, que apenas había logrado equilibrarse, volvió a caer al suelo.

Su suegra, Doña Leonora, tenía la mano en alto y gritaba con odio:

—¡Zoa Serna! ¡Hasta cuándo vas a seguir arruinándole la vida a mi hijo! ¡¿Cuándo vas a detenerte?!

Capítulo 23 1

Capítulo 23 2

Capítulo 23 3

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