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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 136

Mientras le daba vueltas al asunto, perdió por completo el interés en los fuegos artificiales, e incluso en posar para las fotos.

Hasta que Julián regresó apresuradamente.

—Joven Cristian, la señora no aparece.

Cristian se levantó de golpe, tropezando sin querer con el trípode de la cámara.

—¿Ya la buscaste?

—Sí, pero no la encuentro —advirtió Julián—. ¿No cree que la voz de hace un momento sí haya sido la de la señora?

Cristian se sentó de inmediato en la silla de ruedas y ordenó con frialdad:

—Sigan buscando.

Al ver que se disponía a irse, Isabella extendió la mano y lo detuvo.

—Cristian, aún no terminamos las fotos. Mis fans están esperando, es mi primer club de fans oficial desde que volví al país, no puedo decepcionarlos.

—Ya que son fotos de espaldas, da igual con quién te las tomes; además, eso reducirá el riesgo de que nos reconozcan. Le pediré a un guardaespaldas con mi complexión que pose contigo.

—Cristian, pero... —Isabella lo miró con incredulidad.

—Isabella.

En los ojos de Cristian asomó un atisbo de impaciencia del que ni él mismo se dio cuenta.

Isabella apretó los puños; en su interior, odiaba a Zoa a muerte.

¡Esa maldita siempre arruinando mis planes! ¡Ya me las pagará!

Pero en un parpadeo, su rostro adoptó una expresión de lo más comprensiva.

—Tienes razón, Cristian. Lo más importante ahora es encontrar a Zoa. Dejaré las fotos para después, te ayudaré a buscarla.

Dicho eso, se colocó un cubrebocas de seda especial.

—Mmm.

Cristian se dirigió primero al reservado de Patricio.

La habitación no estaba desordenada, pero el olor a sangre inundaba el ambiente, dejando claro lo graves que habían sido las heridas de Patricio.

Él ya había sido trasladado en ambulancia.

Pero su amigo, que todavía estaba medio borracho, seguía ahí.

Un mesero intentaba darle un remedio para la resaca. El hombre, con la cabeza entre las manos y aún bastante aturdido, murmuraba:

—Ya no quiero beber más... dile a esa belleza que acompañe a Patricio a divertirse un rato, yo le pagaré...

Al escuchar eso, Cristian miró a Julián.

Julián agarró al hombre del cuello de la camisa de un tirón.

—¿De qué belleza estás hablando?

Cuando el hombre reconoció a Cristian, la borrachera se le pasó de golpe.

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