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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 132

Pero no había corrido muy lejos cuando chocó contra un hombre.

—Lo siento.

Zoa se disculpó en voz baja y, cuando intentó irse, el hombre la agarró del brazo.

El sujeto apestaba a alcohol y la miró con los ojos entrecerrados.

—Qué hermosura... chocaste contra mi pecho y eres tan suave... Ven, acompáñame adentro, te invito a tomar algo.

—Señor, ha bebido demasiado, suélteme.

Zoa se resistió con todas sus fuerzas.

No esperaba que hubiera otro hombre medio borracho dentro de ese reservado.

Al escuchar el ruido, este salió, miró el hermoso rostro de Zoa y luego su ropa común y corriente.

De inmediato concluyó que era una de esas mujeres que se colaban en el restaurante para pescar a un hombre rico.

Los dos hombres intercambiaron una mirada y, antes de que Zoa pudiera gritar pidiendo ayuda, le taparon la boca y la arrastraron hacia el interior del reservado.

De paso, cerraron las cortinas.

Ninguno de los dos notó que un teléfono celular cayó al suelo y se deslizó hacia el baño de enfrente.

Mateo salió del baño limpiándose una oreja.

—¿Qué es todo ese escándalo? Cuánto alboroto.

Echó un vistazo al pasillo y, aparte de las puertas cerradas, solo vio a unos guardaespaldas revisando los alrededores.

No quería llamar la atención, así que dio media vuelta y caminó en la otra dirección.

Pero accidentalmente pisó un teléfono celular.

—¿Acaso esto no es...?

Enseguida se dio cuenta de que algo andaba mal, recogió el teléfono y se alejó a paso rápido.

En otro reservado al otro lado del restaurante.

Rio se frotó el entrecejo.

—¿De verdad crees que es apropiado que nos reunamos aquí y a esta hora?

Javier bebió un sorbo de vino.

—¿Crees que yo quería? Fue mi madre, que como te ve solo, insistió en presentarte a alguien. La chica ya casi llega, al menos intenta seguirle la corriente un rato.

—No.

Rio hizo ademán de levantarse.

Javier lo retuvo de inmediato, insinuando:

—Hasta las parejas jóvenes están celebrando el día romántico, ¿acaso piensas quedarte soltero toda la vida?

Rio frunció el ceño.

Por su mente pasó fugazmente la imagen de Zoa y Cristian tomados de la mano recibiendo invitados.

—Eso no me importa.

—Oye...

Javier estaba a punto de hablar cuando Mateo entró apresuradamente en la habitación.

Levantó el teléfono celular.

—Parece que a la señora Quintero le pasó algo. Le pregunté a los meseros; el reservado de la señora está en el otro extremo del restaurante, pero su teléfono se cayó de este lado. También averigüé que Cristian reservó otro salón adicional en esta área.

—Tal vez Cristian quería darle una sorpresa...

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