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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 102

Esto era claramente una amenaza.

Cristian cerró la caja con fuerza y soltó un bufido frío.

—Llévense esto.

Apoyada en su hombro, Isabella curvó ligeramente los labios en una sonrisa.

Ùltimamente, Cristian siempre se distraía pensando en Zoa. Si ella seguía escondiéndose detrás de él, le estaría dejando el camino libre a esa mujer.

Ya fuera como Isabella o como la actual Sheena.

Le demostraría a todos que ella era mucho más adecuada para Cristian que Zoa.

...

En el hospital.

Cuando Zoa despertó, Rio ya se había ido.

De inmediato le pidió a la enfermera que buscara al doctor de ayer.

El doctor Fuentes, con su aspecto amable, entró empujando un pequeño carrito.

Ella miró las cosas en el carrito y se sorprendió.

—Doctor, ¿cómo supo que mi yeso se había roto?

El doctor parpadeó, un poco nervioso, y explicó:

—Bueno... la ñltima vez también atendí a alguien que se rompió el yeso así, por lo que me acostumbré a venir preparado por si acaso.

Zoa no sospechó nada y se apresuró a decir:

—Muchas gracias, doctor Fuentes.

Él le restó importancia con una sonrisa y le arregló el yeso nuevamente.

En ese momento, una joven enfermera entró corriendo.

—Doctor Fuentes, la herida del señor Santiago Serna en la habitación VIP se ha infectado.

—Y el señor Gaspar Ortega, que se escapó anoche, fue encontrado tirado en un callejón cerca de un bar. Tiene las cuatro extremidades fracturadas y está esperando su consulta.

±Santiago y Gaspar?

Zoa se quedó atónita. Supuso que el karma realmente existía.

Justo cuando se alegraba en secreto, la puerta se abrió de nuevo.

Era Julián.

Con expresión seria y solemne, anunció:

—Señora Quintero, don Cristian la busca.

—Tengo problemas para moverme. Si necesita algo, que espere a que me recupere —respondió Zoa, sintiendo una opresión en el pecho e intentando evadirlo por instinto.

Pero detrás de Julián, unos guardaespaldas empujaron una silla de ruedas hacia adentro.

Julián acercó la silla a la cama.

—Señora Quintero, por favor.

Zoa apretó los puños, entendiendo que no tenía opción.

Capítulo 102 1

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