Carol preguntó: —¿Se tiene que ir hoy mismo?—
Camilo asintió.
—Nos vamos dentro de un rato. El asunto es un poco delicado, cuanto antes reunamos a todos, antes podremos encontrar una solución.—
La seguridad nacional no es un asunto trivial, y Carol no se atrevió a retrasarlos.
—Entonces voy a llamar a Miro arriba, tú y Aspen podéis charlar aquí abajo un rato.—
—De acuerdo.—
Carol subió rápidamente a llamar a Miro. Él todavía estaba durmiendo y abrió la puerta medio adormilado.
—Buenos días, mami.—
Carol dijo: —Buenos días, Miro. Despierta, ha venido tu tío abuelo Camilo. Quiere llevarte al Ministerio de Defensa. Ve a asearte rápido, te prepararé una maleta pequeña.—
Miro se sorprendió. —¿Eh?—
Carol explicó brevemente:
—Parece que hay un problemilla en el que necesitan tu ayuda. Ve a asearte primero, pregúntale los detalles a tu tío abuelo.—
Miro ya estaba despierto. Frunció el ceño, pensó un momento en silencio y se fue rápidamente al baño.
Unos minutos después, Miro bajó.
En cuanto vio a Camilo, preguntó: —Tío abuelo, ¿es El Lobo?—
Camilo asintió. —¿Has estado siguiéndole la pista?—
Miro frunció su pequeño ceño.
—Llevo un tiempo observándolo. Hace poco robó secretos de otros países, tiene bastante fama en el mundo de los hackers, pero no sabía que se había metido con nuestro país, ¡y que suponía una amenaza!—
Camilo dijo con el ceño fruncido:
—Hace poco, el país se lució, y algunos países se pusieron celosos y han vuelto a unirse contra nosotros.—
—El Lobo ha estado muy descontrolado últimamente. Ya ha roto nuestra primera capa de defensa y está intensificando sus ataques. Si no lo detenemos, habrá problemas graves.—
Un destello de ferocidad cruzó los ojos de Miro.
—Contraatacaremos y haremos que lo expulsen para siempre del mundo de los hackers.—
Cuando Miro se enfadaba, ¡se parecía exactamente a Aspen!
Camilo asintió. —¡Sí! Vámonos ahora mismo.—
—¡De acuerdo!—
Miro se giró para mirar a Carol y a Aspen, y su mirada se suavizó al instante.
—Mami, papi, me voy. Cuidaos mucho, vendré a veros en cuanto tenga tiempo.—
Carol: —... De acuerdo, cuídate tú también.—
Miro se fue con Camilo.
Carol y Aspen se quedaron en el patio viéndolo partir.
Hasta que las luces traseras del coche desaparecieron, Carol no reaccionó.

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