Al ver que Gael ya se había marchado, Orion gritó:
—¿Necesitas que te ayude con el asunto de esos idiotas?
—No hace falta —respondió Gael.
Tras salir del Bar Ebrios Contentos, se dirigió directamente a casa.
Al llegar, se puso a pensar en el asunto de Tania, sin prestar la más mínima atención a Mono Rojo y su gente. No les daba ninguna importancia.
Mientras ellos lo consideraban su objetivo principal, ¡él los trataba como si no existieran!
Solo tenía en mente a su esposa. Lo que a él le gustara no era importante; lo crucial era encontrar algo que distrajera la atención de ella, sin agotarla y que, además, la hiciera feliz.
La repostería quedaba descartada, ya que Tania había aprendido el año pasado.
Los arreglos florales tampoco eran una opción. Como maestra de preescolar, Tania era muy hábil con las manos y ya sabía hacerlos, además de otras manualidades.
También sabía bailar, cantar y tocar varios instrumentos.
Gael pasó toda la mañana y parte de la tarde pensando, pero no se le ocurría qué podría hacer Tania.
Incluso buscó en internet qué habilidades suelen tener las maestras de preescolar.
Todo lo que Tania ya sabía hacer tenía que ser excluido.
Quería que aprendiera algo nuevo, algo que la hiciera feliz y que también pudiera serle útil en su trabajo.
Pero buscó durante horas sin encontrar nada adecuado.
Después de tanto esfuerzo, lo único que sacó en claro fue una profunda comprensión de lo competitivo que era el sector de la educación infantil.
Se requería ser amable y paciente, además de tener múltiples talentos.
A las cuatro y media de la tarde, cuando Gael se disponía a recoger a Tania, recibió un mensaje de Mono Rojo.
Mono Rojo ya había preparado todo según sus instrucciones. Ahora lo estaban esperando en el puente, listos para que cayera en la trampa.
Gael miró el mensaje sin expresión y guardó el celular.
Se puso el abrigo, cogió las llaves del coche y salió.
En un radio de varios kilómetros, sus guardaespaldas vigilaban discretamente; era su círculo de protección.
Los hombres de Mono Rojo estaban apostados justo fuera de ese círculo.
Al pasar por su posición, Gael bajó deliberadamente la ventanilla, fingiendo tomar aire, para que supieran que había salido.

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