Mono Rojo asintió.
—No podemos competir con él en equipamiento ni en habilidades de lucha, ¡así que competiremos con el cerebro!
El subordinado comentó con cierta duda:
—Pero dicen que Gael es muy inteligente.
Mono Rojo respondió con desdén:
—Somos muchos, podemos pensar en un plan juntos.
El hombre de confianza de Mono Rojo añadió:
—En realidad, ¡la forma más segura sería usar explosivos!
—Si pudiéramos prepararlo con antelación, colocar los explosivos en su ruta habitual y detonarlos a distancia cuando pase, podríamos matarlo sin ponernos en peligro.
—Si nos enfrentamos a él de cerca, de ninguna manera saldremos ilesos.
El guardaespaldas del Mayor Capuro también estuvo de acuerdo con esta idea, mirando al hombre de confianza y diciendo:
—Es factible.
—¡No! —dijo Mono Rojo, tajante.
Los otros tres en el coche lo miraron, extrañados.
Mono Rojo frunció el ceño y explicó:
—Usar explosivos es, sin duda, la mejor opción, ¡pero es muy difícil de llevar a la práctica! En Puerto Rafe no permiten la venta privada de armas. ¿Dónde vamos a conseguir explosivos ahora?
—Y aunque los consiguiéramos, ¿cómo los colocaríamos en la ruta de Gael sin que las cámaras de seguridad nos graben?
—Miren por la ventana. Hay cámaras y personal de seguridad por todas partes.
El grupo miró por la ventana y comentó con un suspiro:
—¡Puerto Rafe no es nada amigable con los criminales como nosotros! Con razón se ha convertido en uno de los países más seguros del mundo.
El subordinado sugirió:
—¿Quizás Sunset tenga una forma? Es tan increíble que puede conseguir hasta las armas más modernas del extranjero. Conseguir algunos explosivos no debería ser un problema para él. Tiene contactos por todas partes, tal vez tenga una solución.
Mono Rojo lo pensó un momento.
—Más tarde me pondré en contacto con el señor Capuro para que hable con él.
—...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo