Gael no dijo nada.
El jefe continuó: —He oído que es idea de Sunset. Ese tipo no es de fiar, así que ten cuidado. Si es necesario, puedo asignarte algunos policías para tu protección.
Gael se negó. —No hace falta.
La voz del jefe se suavizó.
—No tienes por qué sentirte incómodo. Es deber de la policía cuidarte y protegerte.
Gael respondió: —No es por incomodidad. Puedo protegerme solo, no necesito malgastar los recursos del estado.
El jefe hizo una pausa y preguntó con cautela:
—...¿Y si te unes al departamento de policía? Si te unes, podríamos asignarte un arma.
Gael se negó de nuevo. —No quiero ser policía.
El jefe al otro lado del teléfono suspiró. Gael añadió una frase más:
—No se preocupen por mí, puedo encargarme de mis propios asuntos.
El viejo jefe suspiró profundamente.
—Está bien. De todos modos, ten mucho cuidado últimamente. Si necesitas ayuda con algo, no dudes en llamarme. Si no puedes contactarme, llama directamente al departamento, todos te ayudarán.
Gael asintió. —De acuerdo.
Tras colgar, Gael se quedó de pie en la terraza con una mano en el bolsillo, frunciendo el ceño y mirando al frente, sumido en sus pensamientos.
Enviar a Mono Rojo a matarlo a Puerto Rafe, ¿acaso querían que Mono Rojo muriera?
Sunset, Valentino, Abel...
Al pensar en la relación entre Abel y Valentino, Gael frunció aún más el ceño, una sombra de frustración cruzó su rostro.
Tania salió con un camisón puesto.
Lo abrazó por la espalda. —¿Qué pasa? ¿Estás de mal humor?
La mirada de Gael se suavizó al instante. —No es nada.
Se giró para mirarla. —¿No tienes frío con tan poca ropa?
En enero, las noches en Puerto Rafe eran frías, y Tania solo llevaba un camisón de seda con tirantes finos.
Gael quiso quitarse la chaqueta para ponérsela, pero Tania ya se había metido dentro de ella.
Gael no tuvo más remedio que envolverla con su chaqueta y abrazarla con fuerza.
Tania examinó su expresión.
—Te estaba mirando desde dentro y parecías un poco disgustado. ¿Quién te ha llamado? ¿Ha pasado algo?
Gael evitó el tema principal.

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