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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2578

¡Yareni y Tiberio aparecieron de repente frente a él!

Pero no se veían como en sus recuerdos. Ambos parecían mucho mayores, como si tuvieran más de cincuenta años.

Sin embargo, Tiberio seguía siendo todo un caballero, elegante y apuesto. Yareni, por su parte, continuaba siendo una mujer hermosa y llena de vida.

Tiberio llevaba puesto un abrigo largo que le daba un aire sofisticado, mientras que Yareni vestía un vestido ajustado y largo, muy a su estilo, que resaltaba su elegancia y ese toque intelectual que siempre la caracterizaba.

Ambos lo miraban con una ternura infinita. En el rostro de Tiberio se notaba esa calidez paternal, su expresión era suave y cariñosa.

—¡Aspen, cuánto tiempo sin verte! —dijo Tiberio con voz tranquila.

Los ojos de Yareni se llenaron de lágrimas—: Penpen...

Esa voz, ese apodo tan familiar y añorado, le sacudió el corazón a Aspen. Sentía que todo dentro de él temblaba.

Yareni lo miró abriendo los brazos:

—Penpen, ven, deja que tu mamá te abrace.

Aspen los observaba con el ceño fruncido, sintiendo un nudo en la garganta. Sabía que todo era una ilusión, pero tampoco podía ignorarlos por completo.

—Penpen, ¿qué pasa? ¿No extrañas a mamá? —preguntó Yareni, con una voz suave y herida.

¿Cómo no iba a extrañarla?

Por supuesto que sí.

Pero tenía claro que todo eso no era real.

Aspen se quedó mirando mucho rato a Yareni y Tiberio. Al final, se inclinó profundamente ante ellos, como un gesto de despedida, y en su interior les deseó lo mejor. Luego apartó la mirada y siguió caminando.

Detrás de él, escuchó la voz dolida de Yareni:

—Penpen, ¿por qué te vas? ¿Por qué no quieres hablar con papá y mamá?

Aspen frunció más el entrecejo, pero no volteó.

A medida que avanzaba, la escena cambió de golpe.

Era como si el tiempo retrocediera, y volvió al día en que Yareni y Tiberio tuvieron aquel accidente.

Sin embargo, él no volvió a ser un niño; más bien, era como un espectador invisible, una sombra en la escena.

Vio a Yareni, que agarraba de la mano a su versión infantil para cruzar la calle y llevarlo al kínder.

Ya en la entrada, Yareni se agachó, le pellizcó cariñosamente la mejilla y le sonrió con toda la dulzura del mundo:

—Ape, pórtate bien y hazle caso a la maestra, ¿sí? Cuando salgas, yo misma vendré corriendo por ti...

La maestra le tomó la mano y animó:

—Aspen, despídete de tu mami.

El pequeño Aspen, con cara seria y un gesto igualito al que ponía cuando se peleaba con Miro, le soltó:

—¡Tienes que ser la primera en venir por mí!

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