Estas notas, Aspen no sabía cuántas desveladas y preocupaciones le habrían costado al tercer abuelo.
Y detrás de estos apuntes, había historias de varios abuelos y abuelas que, arriesgando la vida, dejaron mensajes para los que venían después.
Que el país hubiera logrado levantarse tan rápido y hacerse fuerte, no era casualidad.
En cada generación había héroes dispuestos a darlo todo, sin pedir nada a cambio, por su gente y su tierra.
El bienestar y la prosperidad de la patria no existirían sin el esfuerzo incansable de los abuelos y de todos los antepasados.
Aspen pensó en los niños de Gaza, que en ese momento sufrían horrores, y luego en los niños de su propio país… No pudo evitar sentir gratitud por los mayores.
Los abuelos y los antepasados merecían estar en los altares de la historia.
Sin su sacrificio, la tranquilidad de ahora simplemente no existiría.
En ese momento, a Aspen le vino a la mente algo que le había dicho la abuela:
—No sabemos si en esta vida lleguemos a ver a nuestro país en la cima del mundo, pero debemos esforzarnos por eso. Aunque no lo logremos nosotros, seguro que nuestros nietos lo lograrán. Nuestro deber es dejarles el camino más despejado que podamos. Mientras podamos avanzar, hay que hacerlo. Si conseguimos un pedazo más, aunque sea chiquito, ya es ganancia.
Aspen soltó el aire con fuerza y miró con seriedad los documentos en sus manos.
Como sus abuelos, él tampoco sabía cuánto podría hacer por las futuras generaciones.
Pero estaba dispuesto, con todo su corazón, a dar lo que estuviera en sus manos para que sus descendientes vivieran mejor.
...
Pasó un buen rato.
Excepto el abuelo menor, que había salido con los niños a la montaña a ver las crías de marta cebellina, los demás abuelos y abuelas regresaron.
La abuela tenía el ceño fruncido y el rostro serio.
—Aspen —dijo—, estuvimos hablando los abuelos y creemos que esta vez no debes entrar.
—Primero vamos a entrar nosotros a ver cómo está la situación. Si no es tan grave como pensamos, más adelante te llevamos, pero por ahora, no.
Aspen sabía que los abuelos lo decían por preocuparse por él.

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