La señora negó con la cabeza.
—No, no es eso. Lo que pasa es que no buscamos en el lugar correcto. No solo desaparecieron esas plantas medicinales, también todo el entorno cambió a su alrededor.
—Eso es justo lo raro que te mencioné antes: dentro de ese lugar, todo cambia. Cada vez que entras, es diferente.
Aspen preguntó, dudoso:
—...¿Y no será que es una alucinación?
La señora respondió con tranquilidad:
—Sí, ahí dentro puedes tener alucinaciones, pero esas plantas no eran ningún invento de mi cabeza. Yo misma las saqué de ahí, las tuve en mis manos, son reales.
Aspen frunció el ceño, dándole vueltas al asunto, pero tampoco le encontraba explicación.
La señora mantuvo la calma.
—Y lo que te conté solo es la puntita del iceberg. Hay cosas mucho más extrañas ahí dentro, las alucinaciones son de lo más normal.
Aspen volvió a preguntar:
—¿Y entonces, qué es exactamente El Abismo? ¿No será que vino de otro planeta o algo así?
La señora asintió.
—Podría ser, quién sabe. En este mundo hay demasiadas cosas que no entendemos. No es que no existan, simplemente no las conocemos.
—Con El Abismo puedes dejar volar tu imaginación como quieras, porque lo que hay ahí adentro supera cualquier lógica.
—Todos los que hemos estado de acuerdo en algo: si logramos descifrar los secretos de El Abismo, eso sería un avance enorme para el país, para toda la humanidad. ¡Imagínate los beneficios!
—Estoy segura de que eso podría llevar a nuestro país a un nivel donde superaría a todos los demás, sin comparación.
La señora suspiró, con un dejo de nostalgia en la voz.

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