Debido a que conocían bien el motivo por el cual Aspen había viajado a Ciudad Arenas, Laín y Miro estaban nerviosos.
Miro fruncía el ceño, preocupado.
"¿Papá habrá dejado Ciudad Arenas tan rápido porque ya encontró el virus? ¿O será que las pistas se interrumpieron de nuevo?"
Laín, con una expresión seria, sugirió:
"Vamos a preguntarle."
En lugar de tocar la puerta, decidieron enviarle un mensaje:
"Papá, ¿has venido de repente a Ciudad Pacífico porque ya se resolvió el problema en Ciudad Arenas?"
En la habitación del tercer piso, Aspen miraba tiernamente a Carol, quien dormía plácidamente. Al ver el mensaje de sus hijos, respondió:
"En un momento voy a hablar con ustedes."
Laín contestó de inmediato:
"De acuerdo, los abuelos salieron con Ledo y la hermanita, Miro y yo te esperamos en el estudio del segundo piso."
Aspen no respondió, solo besó la frente de su esposa y fue al baño. Diez minutos más tarde, ya vestido, se dirigió al estudio del segundo piso.
Cuando Laín y Miro lo vieron llegar, lo saludaron rápidamente.
"¡Papá!"
Aspen entró en la habitación.
"¿Cómo supieron que volví? ¿Sus abuelos les contaron?"
Los hermanos no lo ocultaron.
"Instalamos un sistema de localización en tu teléfono, así que sabemos a dónde vas."
Aspen se quedó sin palabras. ¿Por qué olvidó las habilidades de sus hijos?
Laín no pudo contenerse y preguntó:
"¿Encontraste alguna pista sobre el virus?"
Aspen dejó la pequeña caja que llevaba en la mano sobre la mesa y la abrió para mostrarles.
"Sí, encontré el virus."
Laín y Miro quedaron boquiabiertos.
"¡El bisabuelo menor!"
Ambos pensaron en el hombre de las cicatrices, quien era ágil, conocía bien la montaña y era de confianza.
Aspen ya había considerado esta opción en su camino de regreso y confiaba plenamente en él. Sin embargo, le preocupaba que, al no haber crecido en esas montañas, el lugar no le fuera tan familiar.
La selva es como un antiguo mausoleo, misteriosa, llena de peligros imprevisibles. Al igual que Cano, podrían haber otras amenazas, quizás aún más peligrosas, al acecho.
Un error podría costarles caro: perder o filtrar el virus nuevamente sería catastrófico. El virus de octava generación era demasiado importante para permitirse fallos.
Laín propuso:
"Papá, Ledo y yo iremos con el bisabuelo menor."
Laín había previsto los riesgos que Aspen también había considerado.
Con Laín, Ledo y Cano, podían minimizar los peligros. Ellos habían crecido en la montaña, conocían bien el entorno.
Laín, con su prudencia, podía ser el estratega. Ledo, con su destreza, sería un excelente apoyo y protector del virus junto al bisabuelo menor.
Además, Ledo tenía la capacidad de comunicarse con los animales, una habilidad extremadamente útil en la profundidad de la selva.
Y Cano, no solo era fuerte, sino que también podía guiar el camino, eliminando el riesgo de perderse en la montaña.

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