—De acuerdo, se lo envío ahora mismo.
Tras colgar, Carmen preparó personalmente el expediente académico de Isabela, incluyendo incluso sus premios en concursos, y se lo envió todo.
Mientras tanto, Javier acababa de colgar cuando oyó pasos que venían de fuera.
—Papá, ¿ya has vuelto?
Javier se acercó corriendo y le contó lo de la llamada.
Germán Cuevas, sin embargo, hizo un gesto con la mano.
—Ya no acepto más estudiantes, ya me han asignado uno.
—¿Eh? —Javier lo miró, asombrado—. Papá, ¿qué asignación?
—Ese chico, Alejandro Montenegro, me ha pedido que le dé clases a una joven.
—¿El señor Montenegro? —Javier se sorprendió aún más—. ¿Él también tiene esas necesidades?
Germán Cuevas arqueó una ceja con orgullo.
—¿Verdad que sí? Es la primera vez que ese chico acude a mí.
—Papá, ¿y vas a ir? —preguntó Javier.
—Claro, ¿por qué no iba a ir? No olvides que le debo un favor, y los favores hay que devolverlos.
—Pero lo más importante es...
Los ojos de Javier se abrieron como platos.
—¿Qué?
Germán Cuevas soltó un hum.
—Tengo curiosidad por ver... qué clase de chica ha conseguido llamar tanto la atención de Alejandro.
Germán Cuevas, como si se le acabara de ocurrir algo, sacó inmediatamente su teléfono y llamó a Alejandro.
Cuando contestaron, Germán Cuevas se apresuró a decir: —Se me olvidó preguntarte, esa chica tuya, ¿qué tal es su aptitud?
—Muy buena —dijo Alejandro.
—¿Y su carácter?
—Bueno.
Germán Cuevas le dio vueltas a la cabeza.
—Y ella...
—Buena.
Germán Cuevas se quedó sin palabras.
Bueno, si Alejandro daba una respuesta afirmativa sin siquiera escuchar la pregunta...
Seguramente era una estudiante "excelente" en todos los sentidos.

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