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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 88

[Ay, mi esposo también volvió, ¡snif, snif! Estoy súper emocionada.]

Rosalinda estaba ocupada en la oficina.

Después de graduarse, no se fue a trabajar al Grupo Sandoval, sino que eligió otra empresa como diseñadora.

Cuando recibió el mensaje de Aurora, sonrió de inmediato:

[Auri, ¿y ahora por qué estás tan emocionada?]

¿Ricardo había traído algo para ella de regreso?

¿Qué le había dado para ponerla así de contenta?

[¿Ricardo te compró algo?]

¡Oh, nada de eso!

¡Todavía no le había dado nada!

Aunque, durante una videollamada, ella sí le había dicho que se le antojaba el chocolate alemán.

¿Será que él lo recordaría?

Bueno, aunque no lo hiciera, tampoco se iba a enojar.

En su vida pasada, ella lo trató bastante mal; si ahora él no le compraba chocolate, pues se lo tenía merecido.

No había razón para molestarse.

[No, no es que me haya dado un regalo. Es que me puse a pensar en lo mal que valoré lo que tenía antes.]

[¿Sabes? ¡Ricardo tiene un cuerpazo! ¡Ocho cuadritos en el abdomen y hasta esas líneas marcadas en la cadera!]

[¿Qué hago? Ahora que lo veo, solo quiero arrancarle la camisa.]

Rosalinda, que aún no tenía experiencia amorosa, se quedó en shock ante la sinceridad de su amiga.

Al leer lo de los cuadritos y las líneas en la cadera, su cara se puso completamente roja.

Tomó su vaso de agua y bebió rápido, intentando calmar la vergüenza.

[Auri, ¿y ese cambio tan radical?]

Aurora soltó una risita:

[Es que ya entendí las cosas, ¿sabes? Ahora sé quién es un tesoro y quién es pura fachada.]

[Te lo juro, Rosalinda, de ahora en adelante solo tengo ojos para mi Ricardo.]

Rosalinda, apoyando el vaso en la mesa, no pudo evitar soltar una risa de tía:

[¡Ay, Auri, ya era hora de que te cayera el veinte!]

[Nomás no vayas a consentir tanto a tu hermano, ¿eh? No vaya a ser que termines molestando a Ricardo.]

En la alta sociedad de Solara, todo el mundo sabía que Aurora solo tenía ojos para César, su hermano adoptivo, y que prácticamente ignoraba a su esposo.

Ricardo era el chisme favorito del círculo: un hombre elegante, atractivo y más capaz que César, pero que nunca lograba conquistar el afecto de Aurora, quien prefería al astuto César.

Aurora acarició la manta de terciopelo a su lado, firme:

[Ya no. Nunca más voy a poner a ese tipo por encima de Ricardo.]

[Nada que ver, Rosalinda. Oye, ¿es cierto que Vicente anda detrás de ti últimamente?]

¿Vicente?

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