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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 82

El pequeño empezó a hacer del baño.

Aurora no dudó ni un segundo en encargarse ella misma de limpiarlo y cambiarle el pañal, sin la menor muestra de repulsión.

—Es mi hijo, ¿cómo podría disgustarme? —dijo Aurora mientras intentaba cargar al bebé.

Ricardo dudó un momento, pero al final no pudo permitir que esas manos tan delicadas de Aurora se mancharan con el popó de su hijo.

Él era así.

A pesar de todo el daño, las heridas y las mentiras que Aurora le había causado en el pasado, seguía sin querer que ella sufriera ni un poquito.

—Mejor lo hago yo, tus manos son muy delicadas —dijo Ricardo, tomando en brazos al pequeño que lloraba desconsolado. Lo colocó con cariño sobre el sofá.

Las otras empleadas y la niñera, al ver la escena, se apresuraron a traer un pañal limpio, agua y una toalla.

En poco tiempo, todo estuvo listo. Ricardo se arremangó la camisa con movimientos elegantes, dejando ver sus antebrazos fuertes.

Se inclinó, le quitó el pañal al pequeño y lo tiró rápidamente al bote de basura sin hacer ningún gesto de desagrado. Luego, sostuvo al niño, lo puso boca abajo sobre su brazo y, con el agua tibia, le limpió el trasero con delicadeza.

La destreza con la que hizo todo el proceso sorprendió a quienes lo miraban. Cualquiera pensaría que ya tenía experiencia con un segundo hijo.

¿De dónde salía tanta habilidad?

Incluso las empleadas que estaban observando no pudieron evitar sentir admiración por dentro.

[El señor Morales es el mejor hombre del mundo. Sabe ganar dinero, es responsable con su familia y, para colmo, cuida a su hijo como nadie. Es perfecto.]

[Lástima que la señora nunca supo valorarlo y terminó rompiéndole el corazón.]

[Qué injusto.]

Las empleadas sentían una punzada de lástima por Ricardo.

Aurora, por su parte, también luchaba con la culpa que le pesaba en el pecho.

Cuando Ricardo terminó de ponerle el pañal limpio al niño, Aurora recordó algo que la niñera le había contado.

Durante los últimos tres meses de su embarazo, Ricardo solía salir del trabajo, por más ocupado que estuviera, y dedicaba más de una hora diaria a ir al centro materno-infantil.

Ahí aprendía con las niñeras más expertas todo lo que necesitaba saber para cuidar a un bebé.

En esos días, Aurora estaba decidida a divorciarse. Incluso había asegurado que, cuando naciera el niño, ella no se iba a hacer cargo, que lo dejaría con él o lo mandaría a la casa vieja de la familia.

Ricardo tenía miedo de que ella cumpliera esa amenaza y el niño creciera sin el cuidado que merecía.

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