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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 65

El tiempo pasó volando, como si un suspiro hubiera barrido medio mes en un abrir y cerrar de ojos.

Ricardo ya estaba a solo diez días de terminar todos sus pendientes y regresar al país.

Mientras tanto, Aurora llevaba más de diez días en la casa, recuperándose tras el parto. Su salud mejoraba a pasos agigantados: se veía llena de energía, con un brillo en los ojos y un ánimo que no dejaba lugar a dudas de que estaba lista para lo que viniera.

Durante este periodo, Lavinia había sido vetada. Pasaba los días llorando en su pequeño y destartalado departamento, lamentándose y buscando lástima de César, quien intentaba consolarla, pero el extraño comportamiento de Aurora en las últimas semanas lo mantenía a raya.

Y es que se acercaba la junta anual de accionistas del Grupo Rosales. Fermín planeaba entregar sus acciones a Aurora durante esa asamblea. César quería aprovechar la ocasión, reuniendo a los miembros más veteranos para presionar a Aurora y hacerla desistir, impidiéndole tomar el control. Por eso, no tenía cabeza para consolar a Lavinia; le dejó una tarjeta negra a escondidas y se fue a trabajar en la captación de aliados entre los accionistas.

...

La fecha de la junta llegó más rápido de lo esperado.

Aurora, aún en reposo, no podía asistir en persona, así que decidió conectarse por videollamada. Fermín la respaldaría desde el lugar, asegurándose de que todo saliera bien.

Quizá César todavía no entendía que aquella Aurora que siempre lo consentía y no le ocultaba nada, ya no era la misma. Tres días antes, Fermín y Aurora habían firmado el traspaso de acciones. Así que, aunque César reuniera a todos los accionistas para oponerse, de nada serviría. Después de todo, Aurora era la única heredera de sangre de Fermín. El verdadero sucesor del Grupo Rosales era ella, no él, quien solo era un hijo adoptivo.

A las nueve en punto, la junta anual del Grupo Rosales comenzó oficialmente.

Aurora se acomodó en el estudio de Ricardo, con una pluma en una mano y un documento en la otra. Relajada, recargada en el respaldo de la silla, observaba con firmeza la pantalla donde aparecía la imagen de la sala de reuniones. Patricia, su representante, estaba a su lado, lista para asistirla en lo que hiciera falta.

La reunión arrancó de inmediato.

En la sala de juntas del grupo, César se mostraba servicial, ofreciéndole café a Fermín mientras comenzaba a conducir la asamblea.

—Señores accionistas, el motivo de nuestra reunión hoy es dar la bienvenida al regreso de nuestra querida Auri al grupo —anunció César, esbozando una sonrisa confiada.

Sabía que mencionando el regreso de Aurora, esa actriz famosa por ser más imagen que cerebro, los accionistas más antiguos se le irían encima. Esperaba el alboroto, casi relamiéndose ante el espectáculo. Quería ver con qué salía su hermana, con qué pensaba competirle. Aquella chica que ni los ejercicios de matemáticas entendía, ¿cómo iba a poder con los complicados informes financieros del Grupo Rosales? ¿Con qué cara pretendía tomar las riendas de la empresa?

Tal como lo predijo, en cuanto terminó de hablar, el gesto de los accionistas veteranos cambió. De inmediato, estallaron los reclamos:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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