—¡Ay, Auri, que le puedas dar leche materna al bebé es una bendición! —La abuela fue la primera en reaccionar, tan emocionada que casi rompe en llanto de alegría.
Desde afuera, todos pensaban que Aurora y Ricardo vivían siempre peleando, que la casa estaba llena de discusiones y silencios. Decían que su matrimonio era una desgracia.
Muchos aseguraban que la familia Morales la trataba mal, como si fuera una extraña o la ignoraran por completo.
Pero la verdad era otra. Dentro de la familia Morales, Aurora tenía un lugar muy especial.
Por ejemplo, para el nacimiento del bebé, ella había avisado con tiempo que no pensaba dar leche materna ni encargarse personalmente de la crianza.
Hubo quienes se molestaron, incluso su suegra Flora se puso furiosa.
Pero aunque se enojaran, aunque sintieran que no era justo...
Al final, todos tragaron su enojo. Nadie se atrevió a enfrentarla de verdad.
—Los bebés alimentados con leche materna crecen bien fuertes —dijo la abuela, tan conmovida que tuvo que sacar un pañuelo y secarse los ojos. Luego, volviéndose hacia Flora, que seguía en shock, añadió—: Hija, olvídate de llevarte al bebé a la casa grande.
—¿Para qué lo quieres allá, si igual no tenemos leche materna para él?
—Auri ha cambiado para bien, hay que darle la oportunidad de criar a su bebé. ¿Me entiendes?
La abuela habló con esa voz que no admitía discusión.
¿Qué podía decir Flora?
Solo frunció el ceño y masculló:
—Mamá, ¿no le parece que todo esto es una trampa de Aurora?
A la abuela no le gustó nada ese comentario, aunque sabía que en el fondo Flora no era mala, solo estaba demasiado preocupada por su hijo, y por eso resentía a Aurora.
—Ay, ya eres suegra, ¿cómo es posible que sigas sin entender?
—Ya basta, si Auri quiere criar a su hijo, déjala hacerlo.
—El bebé está tan chiquito… ¿de verdad tienes el corazón para separarlo de su mamá? —La abuela solo necesitó unas palabras para cerrarle la boca.
Flora no volvió a decir nada.
Se giró hacia la ventana, tragándose la rabia y la tristeza.
Aurora, que no se perdió el detalle, buscó la mirada de Flora.
—Abuelita, no regañe a mi mamá —dijo Aurora, y en su mente empezó a maquinar la manera de ganarse a su suegra. Recordaba que en su vida pasada, Flora tenía una “amiga” muy especial.
Esa amiga, que fingía preocuparse por Flora, en realidad solo quería acercarse al papá de Ricardo.
Decían que esa amiga tenía un matrimonio desastroso.
Y justo cuando Aurora y Ricardo estaban peleados, la “amiga” aprovechó para acercarse al suegro, a tal grado que incluso le puso una trampa.
Por suerte, no pasó a mayores.
Aun así, la “amiga” se le pegó al suegro y hasta armó un escándalo con los medios.

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