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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 206

Aurora se preguntaba si Valentín estaría preocupado por algo.

Pensándolo bien, estiró su manita y jaló el dedo de su esposo.

—Amor, el señor Fajardo apenas se está recuperando, ¿por qué no dejas de hablar tanto?

—Él debe estar cansado.

Ricardo arrugó el entrecejo.

—¿En serio?

Definitivamente los hombres nunca entendían los “pequeños gestos” de otros hombres.

Ni siquiera se había dado cuenta de que Valentín estaba distraído.

Aurora quiso lanzarle una mirada significativa a su esposo.

—¡Sí, claro!

Su marido era tan transparente.

Sin duda, él no se complicaba la vida con sutilezas entre hombres.

Y la verdad, Aurora prefería que así fuera.

Si no, hasta le preocuparía que fuera tan ingenuo.

¿Y si un día se fijaba en algún hombre atractivo?

—¿Recuerdas aquella vez que te dio fiebre en Alemania? Cuando despertaste, ¿no te sentías agotado?

Esa comparación sí que convenció a Ricardo, que asintió.

—Bueno, Auri, ya no digo nada.

Verlo tan obediente sorprendió a Valentín, pero enseguida sonrió.

—Ricardo, me alegra ver que ya están bien.

En ese instante, Marcelo entró con paso acelerado.

Al enterarse de la recuperación de Valentín, no pudo contenerse y fue directo a abrazarlo con fuerza.

—¡Valen, por fin puedes ver!

—Por poco y me haces escupir sangre de la preocupación.

En realidad, ya había tosido sangre de la angustia.

Marcelo no soportaba la idea de perder a su mejor amigo.

Lo abrazó tan fuerte que Valentín acabó tosiendo.

—Ya estoy bien, gracias, Marcelo —dijo Valentín dándole unas palmadas en la espalda—. Por cierto, las cuentas de madera que me diste, te las devuelvo como prometí, ahora que desperté.

Sonriendo, Valentín deslizó las cuentas negras por la muñeca de Marcelo.

Marcelo las tocó, suspirando.

—Mejor quédatelas.

Pero Valentín negó con la cabeza.

—Esas cuentas son un recuerdo de tu papá, no puedo quedármelas.

—Ya estoy bien, no tienes por qué preocuparte.

—No pasa nada —insistió Marcelo, empeñado en regalarle ese amuleto—. Deja que te acompañen, son para que estés seguro.

Valentín no aceptó. Los dos forcejearon un poco hasta que Ricardo intervino, dándole unas palmadas a Marcelo.

—Ya déjalo, hombre, si Valen no las quiere, no lo obligues. Además, son un recuerdo de tu papá, si él se las quedara, hasta sentiría culpa.

—En el fondo solo quiero que esté bien —reconoció Marcelo, guardando de nuevo el amuleto en su muñeca.

Valentín le sonrió.

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