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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 160

Aurora dudó un instante antes de responder, sintiéndose un poco apenada. No sabía cómo explicarle a Ricardo que iba a consultar a alguien como Maristela, temiendo que él rechazara ese tipo de cosas de inmediato.

—Es en un hospital de un pueblito por Vientario, no te preocupes, yo jamás haría algo que pusiera en riesgo a señor Fajardo. Además, las doctoras de allá son expertas en tratar problemas complicados de la vista, como lo que tiene él —dijo Aurora, inventando un lugar y buscando tranquilizar a Ricardo.

—Si pasa cualquier cosa, lo primero que tienes que hacer es avisar a la policía —le advirtió Ricardo, serio.

—Yo estoy dispuesta a acompañar a señor Fajardo, a cuidar de sus ojos —añadió Aurora, con determinación.

Ricardo bajó la mirada, y en sus ojos se asomó algo cálido, una emoción que pocas veces dejaba ver.

—Auri, no digas eso. Si algo pasa, tampoco voy a dejarte cargar sola con todo. Confío en ti, esta vez te dejo tomar la decisión.

—Si la especialista que trajiste logra curar a Valen, te lo voy a agradecer toda la vida.

¿Agradecerle toda la vida? Eso era demasiado. Mejor que me lo pague de otra manera, pensó Aurora con picardía.

Sin decir nada, Aurora se acercó a Ricardo, se paró frente a él y alzó la cara, mirándolo con una ternura profunda, casi imposible de describir. Sus dedos, apenas rozando la tela fina de su pijama, comenzaron a trazar círculos sobre su pecho fuerte.

—Amor, si esta vez logramos salvar a señor Fajardo… —susurró, su voz suave y llena de promesas—. Con que me lo pagues entregándote por completo, me doy por bien servida.

Sus uñas, cortas por cuidar de su bebé y dejar de hacerse manicura, no le restaban ni un poco de encanto a sus manos. Los dedos suaves de Aurora, a través de la tela, encendieron a Ricardo con solo un roce, provocando que su pecho se calentara de inmediato.

Su mente se puso en blanco por un momento, y la miró intensamente a los ojos, sin saber qué decir.

—¿No quieres? —preguntó Aurora, parpadeando con coquetería cuando vio que él no respondía—. Si no quieres...

No terminó la frase. Ricardo volvió en sí y, con una leve sonrisa, levantó la mano y apoyó su dedo índice sobre los labios de Aurora, deteniéndola.

—¿Quién dijo que no quiero? —le murmuró, con una calidez inesperada.

Aurora sonrió. Aprovechando que él tenía el dedo sobre sus labios, le dio un beso juguetón en la punta del dedo. El calor de sus labios pasó directo a la piel de Ricardo, haciéndolo sentir como si una chispa le recorriera todo el cuerpo.

Ricardo casi pierde el control, con ganas de dejarse llevar y besarla de verdad, pero se contuvo.

—Entonces está bien. Ya me lo prometiste —dijo Aurora, satisfecha con su respuesta.

No siguió provocándolo, sabiendo que Valentín aún seguía en el hospital y Ricardo no estaba de humor para juegos demasiado intensos. Mejor dejarlo ahí.

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