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Renací en la Noche del Parto romance Capítulo 105

—¿Por qué sigues sin entenderlo? —La voz de la abuela retumbó en la sala, tan firme que Flora no pudo evitar encogerse en su asiento.

Flora se sintió incómoda, bajó la mirada y apretó los labios, guardando silencio ante el regaño de la anciana.

—Mamá, perdón... No me imaginé que ella fuera a cambiar así de actitud —murmuró al fin, con la voz apagada.

La abuela negó con la mano, cortando de raíz sus disculpas.

—No es que no te hayas dado cuenta, Flora. Lo que pasa es que no quieres aceptarlo.

—Han sido amigas por años. No quieres terminar peleando por una tontería, ¿verdad? —añadió, con una mirada que traspasaba cualquier defensa—. Y te entiendo.

—Pero escúchame, Flora, uno nunca debe bajar la guardia. No vaya a ser que de verdad termine fijándose en tu marido, y ahí sí vas a llorar de veras —advirtió la abuela, dejando claro el peligro. Flora, por dentro, ya lo sabía de sobra.

Apretó los labios, el pecho le pesaba y una angustia espesa le iba subiendo por la garganta.

—Abuela, ya no regañe a mi mamá —intervino Aurora en el momento justo—. Yo también cometí errores antes, pero mientras uno se dé cuenta, nunca es tarde para rectificar.

Aurora salió en defensa de Flora. Sentado a su lado, Ricardo observó la escena en silencio, sus ojos se tornaron más oscuros, como si lograra ver más allá de las palabras.

Una leve sonrisa apareció en sus labios, y no apartó la mirada de la joven que tenía a su lado, como si todo lo demás hubiera desaparecido.

La abuela, enternecida, no pudo evitar sonreírle.

—Sí, Auri, tienes razón —asintió, dejando claro de quién era la última palabra en esa casa.

Entonces Aurora se levantó, caminó hasta la mesa de centro y arrastró la caja de “leche en polvo importada” que Camila había enviado horas antes, poniéndola justo frente a la abuela.

—Abuela, esto fue lo que mandó la señora Ríos.

—Vamos a ver si de verdad lo trajo con buena intención para mi hermanito, o si hay algo raro detrás. Que Julieta lo abra, así salimos de dudas.

Apenas terminó de hablar, Flora la miró sorprendida.

—Auri, ¿qué estás insinuando?

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