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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 549

El dueño del restaurante no tenía la menor intención de adularlo.

Hugo no le aportaba ningún beneficio real y clientes no le faltaban, así que no había razón para rendirle pleitesía.

Al notar la frialdad del dueño, Hugo resopló con desprecio.

—No volveré a poner un pie en este lugar.

Sin decir más, se llevó a Eulalia.

Eulalia nunca imaginó que Elena recibiría tanto respeto de alguien como el dueño del restaurante. Pensó que, sin duda, todo era gracias a Alejandro.

Así era la realidad: el estatus de una mujer subía dependiendo del poder del hombre que la respaldaba.

Si tan solo pudiera robarle a Alejandro, maquinó en silencio.

***

Por la noche, Elena regresó a casa después del trabajo.

Cenó, paseó al perro y, cuando llegó la hora de dormir, Alejandro aún no había vuelto.

Lo llamó, pero mandó directo a buzón.

Una extraña inquietud se apoderó de ella, así que marcó el número de su asistente.

—El director Vargas tuvo que volar de emergencia a País M por negocios —explicó el asistente con aparente normalidad—. Seguramente no puede contestar ahora.

Elena no se tragó esa excusa.

Siempre que Alejandro viajaba, se lo avisaba con antelación. Este repentino viaje solo podía significar una cosa: algo malo había pasado.

—Voy a comprar un boleto para el vuelo de la noche a Ciudad del Norte. Dime ahora mismo dónde está.

El asistente, sorprendido por su perspicacia, no tuvo más remedio que soltar la verdad.

—El director Vargas está en el hospital.

Elena colgó, compró el vuelo y salió directo al aeropuerto.

Llegó a Ciudad del Norte a las tres de la madrugada.

El asistente de Alejandro la recogió en el aeropuerto y la llevó al hospital.

Al entrar en la habitación y ver a Alejandro tendido en la cama, sintió como si algo afilado le atravesara el pecho.

—Durante el banquete, alguien vertió una dosis alta de triazolam en su copa —explicó el asistente—. Se desmayó justo después de beber. Lo trajimos de urgencia para un lavado gástrico. El doctor dice que tardará al menos tres días en despertar.

Elena sabía que se trataba de un potente somnífero; inducía un sueño profundo pero no causaba daños permanentes. Eso la tranquilizó un poco.

—Yo me quedaré a cuidarlo, puedes retirarte.

—Entendido.

A la mañana siguiente, Alejandro seguía profundamente dormido.

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