Elena se despidió de ambas y se marchó aferrada al brazo de Alejandro.
Beatriz no pudo contenerse y se dirigió a Eulalia en tono de advertencia:
—Esa tal Elena es una mujer muy manipuladora, Eulalia. ¿De verdad son buenas amigas?
Eulalia soltó una risita suave.
—Mi madre la adora, y como va seguido a nuestra casa, pues nos hemos hecho cercanas. Señora Beatriz, ¿acaso no le agrada?
Al confirmar que Elena era tan cercana a Bianca, Beatriz se convenció aún más de que había sido Elena la responsable de envenenar la mente de Bianca en su contra.
—Tu madre está siendo manipulada por ella, y por eso se alejó de mí —advirtió Beatriz, con el rostro serio—. Eulalia, ten mucho cuidado, no dejes que te engañe a ti también...
A continuación, procedió a contarle con lujo de detalles el pasado entre Elena y Diego.
Mientras escuchaba, un brillo calculador se instaló en los ojos de Eulalia.
Si un hombre como Alejandro se había fijado en alguien con el historial de Elena, eso solo significaba una cosa: ella también tenía oportunidad de conquistarlo.
Isidora había plantado espías alrededor de Eulalia, por lo que se enteraba de cada uno de sus movimientos en tiempo real.
Al enterarse de que Eulalia estaba demostrando demasiado interés por Alejandro, Isidora perdió los estribos y la llamó, furiosa.
—Eulalia, no se te olvide que no eres ninguna heredera, solo eres una pieza de reemplazo. ¡Ni se te ocurra ponerle los ojos encima a Alejandro! Él es mío.
Eulalia, que ya estaba en su casa escogiendo el vestido que usaría al día siguiente, no perdió la compostura.
—Isidora, me estás malinterpretando. Solo estaba siguiendo sus órdenes, acercándome a Elena para ganarme su confianza.
—¡No te creo ni una palabra!
Eulalia era astuta. Había analizado meticulosamente el tablero: Isidora sabía que Elena era la verdadera hija de Bianca, pero Bianca, Hugo y la propia Elena lo ignoraban por completo.
Y lo más importante: Isidora haría lo que fuera necesario para que Elena desapareciera para siempre.
Eso significaba que su identidad como impostora jamás sería descubierta.
Si lograba consolidarse como la heredera tanto de la familia Valiente como de la Valverde, el siguiente paso lógico sería asegurar un matrimonio poderoso. Un hombre como Alejandro estaba al alcance de sus manos.
Pero de momento, no le convenía ganarse a Isidora como enemiga. Tenía que esperar a que Isidora destruyera a Elena; después de eso, tendría el camino libre y no tendría que preocuparse por nada.
Isidora la usaba, pero ella también estaba usando a Isidora. No tenía la menor intención de devolver el lugar que tanto le había costado usurpar.
—Entiendo, Isidora. Es solo que el señor Vargas es muy apuesto y no pude evitar mirarlo un poco más. Pero no te preocupes, en este momento estoy enfocada en mi carrera. No tienes nada que temer. Además, los ojos de él están puestos únicamente en Elena, a nadie más le hace caso.
Esa última frase fue una puñalada directa al ego de Isidora.
—¿Quién dijo que Alejandro la ama? ¡Te juro que haré que desaparezca!
Eulalia sonrió con satisfacción y usó su tono más conciliador.

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