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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 377

Tartamudeó un poco:

—Señor Vargas, estamos optimizando el sistema de atención al cliente... Seguro que el mes que entra se notan los resultados.

Alejandro soltó un ligero «ah».

—Bien, entonces mándame la propuesta de optimización mañana a primera hora.

El señor Olmedo empezó a sudar frío.

—¿Mañana? ¿No es un poco precipitado?

—¿Precipitado? —cuestionó Alejandro—. He notado que los últimos lanzamientos de productos del departamento de marketing han pasado sin pena ni gloria. ¿Falta presupuesto para publicidad o el plan fue demasiado mediocre? ¿Acaso tu equipo es tan ineficiente? ¿No te has sentado a analizar en dónde están fallando?

Acorralado por ese interrogatorio, al señor Olmedo se le heló la espalda, aunque hizo lo posible por no perder la compostura.

—Sí, lo revisaremos a fondo. Mañana mismo le envío la propuesta.

Por la mañana, como había visto al señor Vargas de buen humor, se había confiado un poco.

Pero no, el señor Vargas seguía siendo el mismo jefe exigente de siempre. Con él, en el trabajo no se podía bajar la guardia ni un segundo.

Mientras ellos hablaban, Elena aprovechó para dar unos cuantos bocados rápidos.

Por comer tan de prisa, se atragantó y empezó a toser, cubriéndose la boca.

Alejandro frunció el ceño y le acercó un vaso con agua.

Elena lo tomó, dio un sorbo y, después de un momento, logró recuperar el aliento.

Al levantar la vista, se dio cuenta de que el señor Olmedo y los otros tres directivos los miraban con caras muy extrañas.

Miró el vaso que tenía en la mano y entonces cayó en cuenta.

¡Estaba tomando del vaso de Alejandro!

No sabía ni cómo excusarse. De pronto, Alejandro se levantó y barrió con una mirada gélida a Olmedo y al resto.

—Junta a las dos en la sala principal.

La atención de los directivos cambió de inmediato, y sus rostros se llenaron de pánico y seriedad.

Sintieron que el buen humor que había mostrado el jefe esa mañana era pura cortina de humo para que bajaran la guardia y así exhibir sus errores.

Elena los vio ponerse tensos, como si se prepararan para la guerra, y no entendió muy bien por qué.

Pero, como al parecer ya nadie le prestaba atención al incidente del vaso, suspiró aliviada.

No se fue al elevador con Alejandro y los demás; en su lugar, fingió que iba por un café.

Emiliano terminó de comer y, al verla sola, se acercó a platicar.

—Oye, Elena, ¿de qué tanto hablaban? Vi que Olmedo y los demás tenían caras de velorio.

Elena le resumió un poco la situación.

Capítulo 377 1

Capítulo 377 2

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