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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 369

Llegados a este punto, ya no había forma de que la anciana no entendiera.

Cerró los ojos; lo primero que cruzó por su mente fue lo mucho que Elena y Ariadna habían sufrido. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas sin que pudiera evitarlo.

Se dio cuenta de lo mal que la debió haber pasado Elena cuando ella la presionaba para que siguiera con Diego. De pronto se le vino encima todo el peso de los años. Se encorvó, llena de impotencia:

—¿Por qué la gente de ahora es tan mala?

El marido que le había tocado a Carmen era una escoria, pero el que le había tocado a Elena no tenía perdón de Dios. ¿Acaso a las mujeres buenas nunca les tocaban hombres decentes?

Elena tomó a su abuela de las manos.

—Abuela, vámonos de aquí. Yo puedo pagar la colegiatura de Ariadna sin problemas, no necesitamos depender de Diego para nada.

La abuela accedió y aceptó mudarse con ella.

Esa misma noche, cuando Carmen llegó del trabajo y vio a su madre ahí, se llevó una sorpresa.

La anciana soltó un suspiro y le contó cómo Diego había engañado a Elena, todavía encendida de rabia.

—¿Cómo pudo ser tan poco hombre? Y pensar que yo le tenía tanta confianza.

Carmen trató de calmarla:

—Mamá, Elena está joven y tiene un carácter mucho más fuerte que la mayoría. Te aseguro que va a superar esto. Además, es una muchacha preciosa y tiene toda una vida por delante. Una separación no es el fin del mundo, tienes que relajarte un poco.

Aun así, la abuela seguía sintiendo un nudo en la garganta.

—Yo solo quería que las dos tuvieran matrimonios felices. Sentía que era mi responsabilidad, mi deber más grande en esta vida. Pero ya veo que me voy a ir a la tumba sin poder cumplirlo.

Carmen suspiró, resignada.

—Nos cuidaste muy bien a las dos, mamá, ya cumpliste con tu responsabilidad. Y en cuanto a eso del deber... nadie dice que la obligación de los abuelos sea obligar a los nietos a casarse. Tienes que dejar de presionarte por esas cosas.

La anciana seguía con el ceño fruncido por la preocupación, pero al menos ya no estaba tan terca como antes, exigiendo que Elena y Diego volvieran.

Lo que Diego había hecho era una bajeza: la engañó y la convirtió en la amante sin que ella lo supiera.

¡Había resultado peor que el exmarido de Carmen! ¡Por lo menos aquel infeliz sí se casó legalmente! Solo pensarlo la llenaba de rabia.

***

Diego regresó de su viaje de negocios una semana después.

Fue directamente a la casa que compartía con Elena, pero al no verla ni a ella ni a la abuela, le preguntó a la empleada doméstica:

—¿Y Elena y la abuela?

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