La última vez le había prometido que la acompañaría al hospital a sus chequeos, pero con todos los problemas de la empresa y de Adriana, se le borró por completo de la cabeza.
Diego se sentía un poco culpable, pero al mismo tiempo pensaba que Elena debía ser más comprensiva.
Después de todo, él dirigía una empresa enorme; era lógico que no pudiera vivir pendiente de ella a toda hora.
Además, era ella la que se la pasaba haciendo corajes, por eso casi no se veían.
En cuanto se convenció de que la culpa era de Elena, el remordimiento se le deshizo casi por completo.
Elena ni se molestó en contestarle y siguió comiéndose sus huevos estrellados.
Como a Diego ya se le hacía tarde para ir a la oficina, fue directo al grano:
—Quiero hablar contigo sobre lo del video. Sé que fue obra de Adriana, pero no lo hizo con mala intención. Te pido que hables con el director Herrera y con los demás directivos del Grupo Vargas para que retiren la demanda contra ella. Además, si el Grupo Romero pierde ese contrato, nos va a golpear durísimo. Supongo que no quieres ver a la empresa en la ruina, ¿verdad? Te agradecería muchísimo si pudieras echarme la mano para calmar las aguas.
Elena no podía creer que fuera tan cínico.
—¿Ya terminaste? —preguntó con sarcasmo.
Diego asintió.
—Sí. Sé que te estoy pidiendo mucho, pero te lo voy a compensar. Pídeme lo que quieras.
Elena agarró su vaso con agua y se lo aventó directo a la cara.
Diego quedó empapado, con la camisa escurriendo. La miró en shock.
—¡Elena! ¿No crees que ya fue demasiado? —le reclamó, ya enojado.
Sí, la había regado hace poco con Ariadna, pero ya lo había compensado. La colegiatura de la escuela internacional y las clases particulares no eran nada baratas; con el sueldo de Carmen jamás habrían podido pagarlas.
Además, él también cubría los gastos de la enfermera y la muchacha que cuidaban a la abuela Navarro.
Había hecho tanto por ella y por la familia Navarro que, en su cabeza, pedirle un favor a cambio ni siquiera debería haber sido un problema.
Como su abuela seguía en la casa, Elena no quiso armar un escándalo. Se levantó, fue a la entrada a ponerse los zapatos y se preparó para irse a trabajar.
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