—¡Eres una imbécil!
El golpe le giró la cara a Adriana y le abrió el labio.
La miró con una vulnerabilidad casi infantil, con los ojos llenos de lágrimas.
—Lucía, ¿por qué me pegas?
Diego se acercó y detuvo a Lucía, que ya levantaba la mano otra vez.
—Lucía, ¿cómo se te ocurre pegarle a Adriana? —le reclamó—. Ya tiene varios meses de embarazo, no está para que la trates así.
Lucía soltó una carcajada sarcástica.
—Ah, claro, a la princesita no se le puede tocar ni un pelo. ¿Y el Grupo Romero sí está para que lo arruinen? Si se quiere agarrar del chongo con Elena, me da igual, pero no tiene por qué pasarse los intereses de la empresa por el arco del triunfo con sus estupideces.
—¿De qué hablas? —preguntó Diego, que no tenía ni idea del asunto y la miraba confundido.
Adriana, muerta de miedo, se aferró de la manga de Diego. Temía que, después de escuchar a Lucía, Diego empezara a verla de otra manera.
—Los videos que circulan en internet donde acusan a Elena de maltratar animales de laboratorio... fue ella quien le pagó a alguien para publicarlos —continuó Lucía—. El Grupo Romero también invirtió en ese proyecto. ¿Acaso no se detuvo a pensar en cuánto dinero íbamos a perder si ese proyecto se venía abajo? Y lo peor ni siquiera es eso. Ahora que la descubrieron, el Grupo Vargas va a pensar que nosotros estamos detrás de todo esto. Van a cancelar el contrato, nos van a exigir el pago por incumplimiento y, obviamente, no volverán a hacer negocios con nosotros. Pero claro, a esta inútil no le pasó por la cabeza, ¿verdad?
Diego se quedó helado.
Volteó a ver a Adriana, sin poder creerlo.
—¿Tú fuiste la que incriminó a Elena?
Habría sospechado de cualquiera menos de ella. Siempre había creído que, por muy celosa que fuera Adriana, jamás sería capaz de hacerle daño a Elena. Nunca se imaginó que fuera tan calculadora.
—¡No! —lloriqueó Adriana para defenderse—. Yo nunca quise hacerle daño a Elena. Mi mamá me metió ideas en la cabeza y no supe lo que hacía.
Al verla llorar tan desconsoladamente, Diego empezó a dudar.
—¿Acaso importa quién incriminó a Elena a estas alturas? —soltó Lucía con frialdad—. Diego, usa la cabeza, ¿cómo le vamos a hacer para reducir las pérdidas de la empresa?


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