Recordando todas las bajezas que ese hombre había hecho, Carmen le contestó de forma tajante:
—Gracias.
Antes de dormir, Elena fue al cuarto a ver a su tía.
Carmen soltó un suspiro y le dijo:
—Elena, las cosas no pueden seguir así. No puedes dejar que Diego te siga dando largas. Para colmo, mi mamá confía ciegamente en él. La tienes mil veces más difícil de lo que la tuve yo.
Cuando su exesposo le puso el cuerno, la culpa fue toda de él, y si le daba largas con el divorcio era nomás para pelear los bienes.
Con un buen abogado, bastaba para divorciarse y pelearle lo que le correspondía.
Pero el caso de Elena era otro boleto. Diego venía de una familia obscenamente rica y estaba acostumbrado a obtener lo que quería con solo pedirlo. Si él no quería dejarla ir, separarse de Diego le iba a costar carísimo.
La diferencia de clases sociales se traducía en una enorme disparidad de poder.
Menos mal que no tenían hijos, porque si no, era un hecho que a Elena le quitarían la custodia y hasta el derecho a verlos.
Elena no quería preocuparla más de la cuenta, así que trató de sonar tranquila:
—Ya se me ocurrirá algo, tía, no te angusties por mí. Y por favor, ignora los comentarios de mi abuela.
Carmen se puso muy seria.
—Claro que no le hago caso. Mi trabajo es pesado, pero el sueldo y las prestaciones valen la pena, y con eso le aseguro un futuro a Ariadna. Si de verdad hubiera renunciado para quedarme de ama de casa cuidando de ella, en el juicio de divorcio me la habrían quitado.
La situación de mi mamá es totalmente distinta a la mía. Mi papá tenía un carácter dificilísimo a veces, pero era un hombre responsable que siempre veía por su familia. Aunque mi mamá dependía económicamente de él, siempre la trató con respeto.
Si yo no trabajara, conociendo al tipo de hombre que es mi exmarido, ya me habría pasado por encima. Si no tuviera un sueldo, la que pagaría los platos rotos sería Ariadna, porque las peores miserias siempre les tocan a los más débiles y a los niños. Mi mamá no entiende eso, pero a mí me queda clarísimo.
Viendo que su tía estaba muy clara de mente, Elena prefirió no darle más vueltas al asunto.
De pronto, Carmen volvió a encenderse de rabia.
—Lo que me saca de quicio es que mi mamá haya aceptado que Diego cambiara a la niña de escuela sin consultarme. Ariadna no se halla en su nuevo colegio, ha andado muy decaída. ¡Y ahora, para colmo, esto de la intoxicación! Mañana mismo voy a ir a la escuela a exigirles cuentas.
Elena asintió.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico