—Elena, Alejandro ya se regresó a Ciudad del Norte.
Elena la miró fijamente sin decir una sola palabra.
La señora Vargas caminó hasta la cama y se sentó a un lado.
Le había costado bastante lograr que la abuela, Sofía y los escoltas del pasillo bajaran la guardia para poder entrar sola.
Al ver los rasgos delicados y la elegancia natural de Elena, no terminaba de entenderlo. Su hijo se había codeado con muchísimas mujeres hermosas; ¿por qué se había ido a enredar con ella?
Lo único favorable era que no llevaban tanto tiempo de conocerse. Si los separaba en ese momento, Alejandro iba a sufrir un par de días y luego se le pasaría.
Pero si dejaba que el asunto creciera, después iba a ser un dolor de cabeza separarlos.
Cambió su expresión a una mucho más amable y le dijo con tono de falsa compasión:
—¿Tienes idea de por qué Alejandro te dejó aquí botada, estando tan malherida, y se fue de Ciudad del Río? Fue porque al papá de Mariana casi le da un infarto cuando supo lo que Alejandro había hecho con su hija.
Hace años, el padre de Mariana perdió la movilidad de las piernas por salvarle la vida a Alejandro y, a raíz de eso, ya no pudo tener más hijos. Por eso mismo, Alejandro le juró que no solo iba a cuidar de Mariana toda la vida, sino que él mismo se iba a encargar de velar por el patrimonio de los Moreno.
Esa es la verdadera razón por la que Alejandro accedió a comprometerse con ella cuando creció. Aunque al final ella metió la pata y terminaron cancelando la boda, la relación que tenemos con su familia no va a romperse de la noche a la mañana.

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