—¡Elena!
Alejandro, que estaba recargado en él, también vio a Elena. Al notar que ella estaba a punto de irse, la expresión de Alejandro se apagó.
Temiendo que Elena se fuera, Javier le gritó un par de veces más.
A Elena no le quedó de otra que acercarse junto con Isabel para saludarlos.
Javier decidió hacer el favor completo y empujó a Alejandro hacia Elena.
—Tengo que atender unos asuntos muy importantes en un rato. Ya que van para el mismo lado, ¿por qué no te lo llevas tú?
Elena sostuvo a Alejandro por instinto.
Olfaba intensamente a alcohol; no quería ni imaginar cuánto había bebido.
Mariana, parada a un lado, pataleó del coraje:
—Si Javier está ocupado, yo puedo llevar a Alejandro.
Javier, sabiendo que no se daría por vencida, se la llevó a rastras:
—No te metas, ¿a poco no te das cuenta de lo mucho que lo fastidias?
Dicho eso, e ignorando sus protestas, la metió a la fuerza en su propio coche.
Pensó que, con todo el esfuerzo que estaba haciendo, si Alejandro y Elena llegaban a casarse algún día, él tendría un lugar privilegiado en esa historia.
Isabel también captó la indirecta y dijo:
—Bueno, yo también me voy a mi casa. Elena, ahí nos ponemos de acuerdo para salir después.
Dicho eso, se fue de inmediato.
Al ver que Alejandro apenas estaba consciente, a Elena no le quedó más remedio que subirlo al coche.
Al llegar a la casa de Alejandro, tecleó la contraseña y lo ayudó a entrar.
Chispa la vio llegar, salió corriendo de su cama y empezó a darle vueltas de lo más feliz, soltando ladridos de emoción.
Elena le pidió silencio llevándose un dedo a los labios.
Chispa soltó un pequeño lloriqueo y luego la siguió sin hacer ruido.
Elena llevó a Alejandro a su cuarto y lo acostó en la cama.
Luego fue a la cocina a prepararle un remedio para la resaca.
Chispa la siguió sin hacer ruido, quedándose a un lado mordiendo un peluche.



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