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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 280

Al ver su negativa, a Enzo no le quedó de otra más que resignarse.

Al llegar a la planta baja, Elena se dio cuenta de que había dejado su pila portátil en el restaurante, así que se regresó a buscarla.

Justo al salir del elevador, alcanzó a ver a Tomás llevándose a Amelia, que iba casi inconsciente, por un pasillo hacia el otro lado.

Una alarma se encendió de inmediato dentro de ella.

Algo andaba muy mal.

¿Acaso el patán de Tomás planeaba abusar de ella?

De inmediato, se fue detrás de ellos.

Tomás iba escoltado por dos guardaespaldas; Elena sabía perfectamente que, ella sola, no tenía oportunidad de rescatarla.

Si llamaba a la policía, tardarían muchísimo en llegar y ya sería demasiado tarde.

Ese restaurante estaba bastante cerca del Grupo Vargas. No sabía si Alejandro seguiría en su oficina a esa hora.

Era cierto que ella misma le había pedido que dejaran de verse.

Pero dada la urgencia, tuvo que tragarse su orgullo.

Se hizo a un lado y le marcó a Alejandro.

Él contestó casi al instante.

Su voz profunda resonó a través de la bocina:

—Señorita Navarro.

Volver a escuchar su voz removió en Elena una nostalgia que no esperaba.

Con miedo de que algo le pasara a Amelia, fue directo al grano:

—Acabo de ver a Tomás llevándose a Amelia. Ella iba como desmayada y me da pavor lo que pueda hacerle. ¿Crees que podrías mandar a tus guardaespaldas para sacarla de ahí?

Alejandro no lo dudó:

—Estoy en una junta, pero mando a los escoltas para allá de inmediato. Llego en veinte minutos.

En la habitación del hotel, Tomás miraba a Amelia, desmayada sobre la cama, y negaba con la cabeza.

Amelia era muy guapa y educada, pero no era su tipo.

A él le gustaban las mujeres más exóticas y atrevidas.

Sin embargo, su madre le había dejado muy claro que, con tal de que se casara y le hiciera un hijo a la heredera de los Ortiz, después podría andar de mujeriego todo lo que quisiera sin que ella le reclamara.

La propuesta le parecía inmejorable. Visto así, no le quedaba más remedio que hacer ese sacrificio y aceptar a Amelia.

A final de cuentas, las esposas eran un simple adorno para tenerlas en casa; daba igual quién fuera.

Se metió a bañar.

Cuando salió, se acercó a la cama y justo cuando iba a acariciarle la mejilla a Amelia, sonó el timbre.

Tomás frunció el ceño.

¿Qué clase de idiota venía a interrumpirlo en el mejor momento?

Caminó de mala gana hacia la entrada.

Apenas giró la manija, recibió un puñetazo en la cara que lo tiró al suelo. Un guardaespaldas gigante se le fue encima y lo inmovilizó.

Elena pasó por encima del cuerpo de Tomás y corrió a revisar a Amelia. Al comprobar que seguía completamente vestida, Elena sintió un alivio inmediato.

Capítulo 280 1

Capítulo 280 2

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