Alejandro frunció el ceño. Le parecía que Mariana estaba peor que nunca.
Había llegado al punto de tener alucinaciones.
Volteó hacia su escolta y ordenó:
—Llévenla de vuelta a la Ciudad del Norte.
—¡No me voy, Alejandro! ¡No me voy a rendir y no me puedes correr! ¡Voy a luchar por nuestro amor!
Cuando los guardias la sujetaron, empezó a forcejear de manera desesperada para soltarse.
En ese preciso instante, la señora Vargas y la señora Moreno iban entrando y presenciaron el espectáculo.
La señora Vargas se adelantó y le exigió en tono severo:
—Alejandro, diles que la suelten de inmediato.
La señora Moreno se acercó corriendo, abrazó a su hija con el corazón roto y le acarició el cabello. Después de consolarla un poco, miró a Alejandro en tono suplicante:
—Alejandro, te lo ruego, trata mejor a Mariana. ¿No ves lo enferma que está? ¿Cómo puedes ser tan cruel con ella? Por favor, por lo que hizo mi marido al salvarte la vida, concédele al menos un poco de paciencia, ¿sí?
Mariana miró a su madre y rompió a llorar como una niña pequeña incapaz de controlarse.
—¡Mamá, hay una resbalosa que me quiere robar a Alejandro! ¡Sácala de aquí! ¡Alejandro es el amor de mi vida, es solo mío!
Alejandro respiró hondo, ignorando a Mariana y a su madre, y se dirigió a la suya:
—Mamá, si le siguen dando falsas esperanzas, nunca lo va a superar y se va a enfermar peor. Ya lo he dicho antes, no me necesita a mí, necesita a un psiquiatra. Lo mejor que le puede pasar es que la internen en el extranjero. Pero si no me quieren escuchar, ya no tengo nada más que decir.
La señora Vargas, aferrada a su amistad con la familia Moreno, sintió que las palabras de su hijo eran demasiado frías.
—¡Alejandro, por el amor de Dios! ¿Te estás escuchando? —lo regañó—. Mariana creció contigo, ¿ya se te olvidó lo unidos que eran de chiquitos? Aunque ya no se vayan a casar, deberías tratarla como a una hermana, cuidarla y ayudarla a salir adelante con su enfermedad.
—Así es —intervino la señora Moreno—. No te estamos pidiendo nada imposible. Solo queremos que vengas a verla y la acompañes un rato, como si fuera tu hermana. Estoy segura de que tu futura esposa lo entenderá. Mariana está tan enferma, ¿qué daño podría hacerle?
Al escuchar la palabra esposa, Mariana perdió completamente la cabeza y se le fue encima a Elena.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico