Sofía vio llegar a Alejandro y presumió con orgullo:
—Le estoy ayudando a Elena con su estilo. ¿No te parece que se ve preciosa, Alejandro?
Sofía había estudiado diseño de modas en la universidad, pero como tenía mala salud, su asistencia había sido baja. Después de graduarse, la señora Vargas, por miedo a que se agotara, no le permitió buscar trabajo, así que se quedaba en casa practicando con maniquíes.
Al ver lo bien que lucía Elena, Sofía sintió unas ganas irresistibles de vestirla y le insistió tanto que al final aceptó ser su modelo.
—Deja de influenciar a Elena con tus gustos raros —dijo Alejandro con frialdad.
Luego, se dirigió a Elena:
—Y tú no la consientas tanto, o después se le ocurrirán ideas todavía peores.
Elena sonrió. Le parecía que Alejandro estaba exagerando. Una cantante extranjera que le gustaba mucho solía salir a la calle con un estilo muy parecido. Eso demostraba que el gusto de Sofía era bastante sofisticado.
—Alejandro, no le digas eso —lo defendió Elena—. Creo que Sofía de verdad tiene talento para la moda.
Al escuchar los halagos, Sofía miró a su hermano con una sonrisa de oreja a oreja:
—Elena sí tiene buen ojo. ¡Tú eres un anticuado y por eso no entiendes de moda!
La abuela Vargas, que estaba sentada en el sofá de al lado, vio cómo Alejandro defendía a Elena y tomó un sorbo de su té con una sonrisa divertida.
Sofía sacó un par de vestidos más y se dirigió a Elena:
—En un par de días hay un cóctel por la inauguración de una galería. Acompáñanos. Te escogí este vestido. Vamos a arreglarnos muy bien y a llamar la atención de todos.
A Alejandro le dolió la cabeza de solo ver esos diseños tan extravagantes.
—Esa ropa no es para un coctel —le dijo a Elena—. Le pediré a Nerea que te consiga algo más adecuado.
—¡Ay, Alejandro, ¿por qué no confías en mí?! —protestó Sofía, ofendida—. ¡Te juro que algún día haré ropa capaz de impresionar a cualquiera!
Alejandro se frotó la frente.
—¿Ya se te olvidó el estudio de diseño en el que mamá invirtió por ti hace un par de años? Hiciste un montón de bocetos y estabas convencidísima de ti misma, ¿y en qué terminó todo?
Él también había invertido en ese negocio. Pensó que si perdía unos treinta millones de pesos, al menos Sofía se habría divertido. Pero terminó perdiendo cien millones. En ese momento, le dejó muy en claro que no servía para los negocios y que se olvidara del tema.
Sofía también se acordó de eso. En aquel entonces le había asegurado a su hermano que todo saldría bien, pero no consiguió nada y él terminó pagando los sueldos de los empleados. Se sintió un poco culpable, pero no dio su brazo a torcer:

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