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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 259

La empleada llegó con dos tazones de sopa caliente.

Elena perdió la paciencia por completo. Agarró los dos tazones de sopa hirviendo y se los arrojó en dirección a Beatriz y Adriana.

Las dos retrocedieron asustadas de inmediato.

Aun así, terminaron con los brazos rojos, salpicadas por el líquido hirviendo.

Aguantándose el ardor, Adriana se apresuró a preguntar por Beatriz:

—Mamá, ¿se encuentra bien?

Beatriz negó con la cabeza y le clavó una mirada cargada de odio a Elena.

—¡Elena, te estás pasando de la raya, desgraciada!

Si no fuera por los pedazos de cerámica rota en el suelo, se habría acercado y le habría soltado un par de cachetadas.

Elena soltó una risa fría:

—¿No querían que me quedara a cuidarlos? Pues así sería. ¿De verdad creen que no deberían tenerme miedo?

Adriana sintió un escalofrío al recordar la vez que le lanzó un termo a ella y a su madre.

Esta Elena ya no era la de antes; parecía dispuesta a llevar las cosas hasta el límite sin importarle las consecuencias.

Beatriz le ordenó a la empleada que limpiara el desastre en el suelo, sin dejar de maldecir a Elena entre dientes.

Pero Elena la interrumpió de tajo, con frialdad:

—Señora Romero, si llega a afectar el trabajo de mi tía de cualquier manera, haré público todo lo que me hicieron. Contaré que Diego me engañó con un matrimonio falso y que, mientras vivía conmigo, se casó legalmente con Adriana y la dejó embarazada. A ver cómo le cae eso a la reputación de Diego y a las acciones del Grupo Romero.

Beatriz jamás se imaginó que se atreviera a amenazarla, así que comenzó a gritarle desesperada:

—¿Y qué vas a ganar con eso? ¡Si le pasa algo a Diego y a la empresa, tú también te vas a quedar en la ruina!

No creía que Elena fuera capaz de destruir su propia mina de oro.

Elena soltó un bufido sarcástico:

—Póngame a prueba, si no me cree.

Beatriz guardó silencio de golpe, intimidada por la determinación en el rostro de la chica.

Esa mujer se había vuelto completamente loca.

Al ver que por fin habían cerrado la boca, Elena supo que su amenaza había surtido efecto.

Sonrió con amargura.

Desde hace mucho tiempo debió haberles puesto un alto así.

De lo contrario, seguirían tratándola como si pudieran pisotearla a su antojo.

Justo cuando iba a salir de la sala, Adriana corrió hacia ella y le agarró el brazo.

—¡Elena, te lo ruego! No le hagas esto a Diego. Si tienes algún problema, desquítate conmigo.

Elena frunció el ceño y estuvo a punto de soltarse de un tirón.

Pero, de la nada, Adriana se dejó caer al piso sola, agarrándose el vientre y fingiendo una expresión de agonía.

Capítulo 259 1

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