De regreso en su mesa, Elena les sirvió té a la señora Valverde y a Isidora.
La señora Valverde la veía con cariño y le sonrió:
—Últimamente hace mucho frío, abrígate bien. Intenta comer comida casera y no dependas tanto de la comida a domicilio. Si un día no alcanzas a cocinar, solo dímelo y mandaré a alguien a llevarte comida.
Como no iba a quedarse tanto tiempo en Ciudad del Río, quería asegurarse de cuidarla lo más posible.
Elena se conmovió bastante. La verdad, la señora Valverde tenía más madera de mamá que la propia Valentina.
Sin embargo, sabía perfectamente que no debía pasarse de la raya ni encariñarse de más. A fin de cuentas, la familia Valverde era de alta alcurnia, y una chica de familia común y corriente como ella jamás estaría a su nivel.
—Ay, no se preocupe por mí. Ahora estoy trabajando en las oficinas del Grupo Vargas, así que como ahí mismo en el comedor. La comida es muy buena y bastante equilibrada.
Al ver que Elena rechazaba la oferta tan amablemente, la señora Valverde solo sonrió y decidió no insistir más.
Por otro lado, al ver lo bien que se llevaban y cómo ella quedaba relegada sin poder intervenir en la conversación, Isidora apretó los puños por debajo de la mesa.
Terminaron de comer y, justo cuando iban saliendo del restaurante, un hombre de traje se les atravesó en el camino.
Era Hugo.
Él solo había ido a comer con un viejo conocido, así que encontrarse con la señora Valverde lo tomó por sorpresa y no pudo disimular la emoción.
—¡Bianca!
Pero la señora Valverde hizo una mueca de asco, como si hubiera visto basura, lo ignoró monumentalmente y se fue a paso acelerado hacia la salida.
Elena se apresuró a seguirla.
Isidora sí se quedó ahí y saludó a Hugo de la forma más educada:
—Señor Valiente.
El rostro de Hugo reflejaba una gran decepción.
Se tomó un momento para recuperarse antes de decir:
—Isidora... por lo menos me da gusto ver que tu mamá se ve tan sana y radiante. Con eso me basta.
Isidora sonrió sutilmente:
—Sí, señor Valiente. Usted ni se apure. Mientras yo esté a su lado, le juro que no dejaré que nada malo le pase a mi mamá.
Hugo suspiró:
—Menos mal que tiene a una hija tan atenta a su lado. De verdad, Isidora... te lo agradezco.
—Ay, señor Valiente, no diga eso. Mi mamá siempre me ha tratado como a una reina; lo mínimo que puedo hacer es corresponderle.
Al recordar que Elena venía con la señora Valverde, Hugo frunció el ceño.
—¿Y tu mamá por qué andaba comiendo con Elena? Esa muchacha es de cuidado, no es ninguna perita en dulce.


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