La rabia de Valentina se volvió todavía más intensa; de haber sabido que Elena le saldría así, habría preferido no traerla al mundo.
Dio un respiro profundo, intentando calmarse:
—Hicieron un escándalo por una tontería. No hay necesidad de llegar a los tribunales. Mira, si tanto les apura, yo misma les pago todos los gastos médicos de tu abuela y sanseacabó.
Elena soltó una carcajada burlona.
—Señora Pérez, me voy a ir a comer. No tengo tiempo para andarle dando vueltas a esto. Si tiene tantas ganas de justificarse, guarde sus discursos para el juez.
Y dicho esto, Elena dio media vuelta y la dejó hablando sola.
Al entrar al restaurante, le marcó a Isabel.
—Oye, la señora Pérez acaba de buscarme. Quería pagarme para que retirara la demanda. Y, por supuesto, la grabé.
Isabel soltó una carcajada:
—¡Qué descaro! Con ese audio es como si estuvieran admitiendo que intentaron matarla. ¡Ya tenemos el caso prácticamente ganado! Esas dos no van a librarse. Oye, pero... ¿tú crees que Diego intente volver a protegerlas? Porque si decide mover sus influencias, esto podría complicarse de verdad.
Elena ya tenía contemplada esa posibilidad.
Sonrió y le contestó:
—Esta vez es muy diferente. A ese par de víboras les da pavor que Diego llegue a escuchar lo que hay en la otra grabación.
—De acuerdo, me parece perfecto. Ya verás cuando te traiga buenas noticias.
***
Al darse cuenta de que su mamá no había logrado convencer a Elena, Adriana entró en pánico.
—Mamá, Diego salió de viaje de negocios y por eso todavía no sabe nada de este desastre. Pero tarde o temprano va a regresar. ¿Qué voy a hacer si se entera de lo que pasó?
Valentina bufó molesta:
—¡Pero si ya estás casada con él y además estás embarazada! ¿De verdad crees que va a echarte de casa? No te preocupes, todos los Romero están pendientes del bebé que esperas. Tu lugar como señora Romero ya está asegurado.
—Pero Elena no nos va a soltar. Si abre la boca y cuenta todo, no sé qué va a pasar. ¡Tengo muchísimo miedo!
Adriana estaba tan desesperada que tenía los ojos llenos de lágrimas.
De verdad, no podía permitirse el lujo de perder a Diego.
La cara de Valentina se descompuso por completo.
—Voy a volver a llamarla ahora mismo. No hay problema que no termine cediendo cuando se pone suficiente dinero sobre la mesa.
Elena contestó la llamada.
—¿Qué se le ofrece, señora Pérez?
Valentina fue directo al grano:
—Te doy un millón de pesos si retiras la demanda.
Elena soltó una risita:


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico