—¡Elena, qué tragedia! ¡El archivo de audio está dañado!
Elena sintió que se le venía el mundo encima. De inmediato sospechó que Valentina o Adriana habían mandado a alguien a sabotearlo.
Al ver que no podía mostrarle la grabación, Diego soltó una risita sarcástica.
—Nunca hubo ningún audio, ¿verdad, Elena? —dijo, frotándose las sienes, pensando en lo mucho que ella detestaba a Valentina y a Adriana—. La señora Valentina de verdad quiere acercarse a ti, pero como tú no quieres verla, no se atreve para no hacerte enojar. Y Adriana siempre te ha visto como a una hermana mayor. Las golpeaste a las dos y ni siquiera hicieron un escándalo; al contrario, estaban preocupadas por cómo te sentías por lo de tu abuela, ¡hasta se ofrecieron a pagar la cuenta del hospital! Que todavía quieras demandarlas... de verdad es una decepción total.
Elena apretó los puños, clavándose las uñas en las palmas, y respondió con frialdad:
—Si tanto les crees a ellas, entonces no tengo nada más que decir.
—Elena...
Él intentó tomarla de la mano, pero ella dio un paso hacia atrás, mirándolo con total desapego.
—Tengo que ir a cuidar a mi abuela. Diego, solo te pido que mantengas a raya a Valentina y a Adriana; no dejes que se vuelvan a acercar a ella.
Tras decir esto, dio media vuelta y se marchó.
Diego la vio marcharse con la misma terquedad de siempre y no pudo evitar menear la cabeza con un suspiro.
***
Al regresar a la habitación, Elena notó que las dos enfermeras particulares habían desaparecido.
Frunciendo el ceño, sacó el celular y llamó a una de ellas:
—Señora Santor, ¿a dónde se fueron usted y la señora Santini?
La mujer contestó, sonando bastante apenada:
—Ay, discúlpeme, señorita Navarro. Es que alguien nos ofreció el triple de sueldo para ir a cuidar a otra señora y a su hija. No pudimos rechazarlo.
Elena apretó los dientes. No hacía falta ser adivina para entender que Valentina y Adriana se habían llevado a las dos enfermeras. Todo era un plan para dejar a su abuela desamparada.
Temiendo que esas dos siguieran armando su circo y volvieran a alterar a la anciana, abrió WhatsApp, buscó el perfil de Alejandro y le escribió.
[Señor Vargas, ¿podría hacerme un favor?]
Sabía que estaba siendo demasiado atrevida al volver a pedirle ayuda, pero ya no le quedaba otra salida. Necesitaba cambiar a su abuela de hospital inmediatamente.
Alejandro estaba en plena junta cuando recibió el mensaje. Le sorprendió bastante.
[¿De qué se trata?]
Elena le explicó rápidamente la situación y su intención de trasladar a la abuela.
Alejandro arqueó una ceja y tecleó:
[¿Y no le vas a pedir ayuda a Diego?]


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