El rechazo lo encendió por dentro, pero se contuvo e intentó calmarla con paciencia.
—Está bien. Entiendo que por ahora no quieras tener hijos, podemos dejarlo para después. Pero no me eches del cuarto; somos marido y mujer, no tiene sentido dormir separados. Me pediste que apartara a Adriana y ya lo hice. No tienes motivo para seguir tratándome así.
Estiró los brazos para agarrarla por la cintura.
Elena sintió asco. Se zafó de un tirón y le reclamó con sarcasmo:
—Diego, ¿de verdad no lo entiendes? Que haya aceptado volver a esta casa no significa que vaya a permitir que me toques. Dejaste que Adriana durmiera en la recámara principal, le diste mi puesto de directora, le compraste un montón de lujos y le solapaste todas las veces que me hizo daño. ¿Ya se te olvidó? ¿De verdad crees que con un borrón y cuenta nueva se arregla todo? ¿Todavía no entiendes por qué decidí irme?
Diego suspiró, frustrado.
—Elena, Adriana actuó con inmadurez y ya tomé cartas en el asunto. Además, si te descuidé, fue por la carga de trabajo. Créeme, en mi corazón solo estás tú. No sigas agrandando lo que pasó. Estamos casados y quiero cumplir como tu esposo. No me apartes así.
Se inclinó para besarla, pero ella volteó la cara. Él soltó una risa irónica por el coraje y le apretó la cintura con más fuerza para inmovilizarla.
Estaba convencido de que, si lograba volver a acercarse a ella, tarde o temprano terminaría cediendo.
Atrapada entre sus brazos, Elena no podía moverse.
Agachó la cabeza y le clavó los dientes en el brazo con todas sus fuerzas.
Diego soltó un quejido y la soltó al instante.
Al toparse con la mirada helada de Elena, se quedó paralizado.
—Elena... ¿Me acabas de morder?
Con el sabor metálico aún en la boca, ella lo fulminó con la mirada.
—Diego, ¿crees que forzándome las cosas van a volver a ser como antes?
—¿Forzarte?
Diego frunció el ceño.
¿Cómo iba a ser «forzarla» si estaban casados?
Desde el pasillo, se escuchó la voz de la señora Ruiz:
—Señor, acaban de hablar de la casa de sus papás. Dicen que necesita ir para allá.
Diego miró a Elena en silencio y salió de la recámara con gesto sombrío.

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