De vuelta en el estudio, le marcó a su abuela.
La anciana Vargas aún no se acostaba; estaba absorta en una serie.
Le sorprendió bastante recibir su llamada.
—¡Vaya! ¿Aún te acuerdas de que existo? —rezongó—. Desde que llegaste a Ciudad Río por trabajo, prefieres quedarte por ahí en lugar de venir a hacerme compañía. Se nota que ya no me aguantas.
—No es eso, abuela —respondió Alejandro con calma—. Es que ahora vivo enfrente de Elena.
A la anciana le brillaron los ojos de inmediato.
—¡Mira nada más qué listo me resultaste! Ya sabes lo que dicen: el que insiste, gana. Ahora dime, ¿cuándo vas a traerme a mi futura nieta? Hasta mandé revisar su compatibilidad y resulta que Elena y tú están hechos el uno para el otro. ¡Eso es cosa del destino!
Después de emocionarse, la anciana preguntó:
—Pero bueno, ¿para qué me llamaste?
—Abuela, mi mamá mandó a la señora Zamora a vivir a mi departamento. ¿Hay alguna forma de que la convenzas de irse?
La anciana Vargas supo al instante que esa era otra de las pésimas ideas de su nuera.
No entendía por qué se había empeñado tanto en Isidora.
Isidora había estado comprometida con Matías, y ahora quería enredarse con Alejandro. ¿Qué clase de locura era esa?
Por más que la gente dijera que Isidora era más lista y madura que Mariana, para ella las dos eran igual de inadecuadas para ser la esposa de Alejandro.
—Déjamelo a mí. No voy a permitir que la señora Zamora se interponga entre tú y Elena.
Con el respaldo de su abuela, Alejandro se quedó tranquilo.
Tras colgar, la anciana Vargas le marcó a la señora Zamora y le ordenó que regresara a la mansión a prepararle la cena.
La señora Zamora se quedó desconcertada:
—Señora, si allá tiene a muchísima gente que la atiende, no creo que le haga falta yo. La patrona me mandó a cuidar al joven Alejandro.
La anciana se molestó:
—Alejandro vive de un lado a otro por trabajo, ¿cuánto tiempo crees que va a quedarse en Ciudad Río? ¿Para qué necesita que lo cuides? Si no vienes, ¿es porque piensas que ya no tienes que obedecerme?
La señora Zamora no se atrevió a contradecirla y no tuvo más remedio que empacar sus cosas y volver a la mansión.



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