Durante los siguientes dos días, Adriana permaneció en el equipo sin recibir ningún castigo por parte del director Herrera.
Elena sabía que seguramente era obra de Diego.
Sin importar cuántas tonterías hiciera Adriana, Diego siempre estaría ahí para limpiarle el desastre.
Aun así, mientras los de la empresa de Diego no se atrevían a abrir la boca, los empleados del Grupo Vargas no eran tan dóciles.
En esos días, ninguno le dirigió ni siquiera una buena mirada a Adriana.
Ella intentó por todos los medios arreglar las cosas con ellos, pero todos la trataron con una indiferencia absoluta. Por más coraje y frustración que sintiera, la gente del Grupo Vargas tenía el estatus para comportarse así y no le quedó más remedio que aguantarse.
Por tres días consecutivos, Elena acudió a la casa de Alejandro para darle sus masajes.
Y, como ya se estaba haciendo costumbre, él siempre la invitaba a cenar.
En el fondo, sentía que la dinámica entre los dos era un poco extraña.
Pero, como él no le había insinuado nada impropio, asumió que solo la veía con cordialidad.
Además, ella tenía que hacerse responsable de sus lesiones.
Así que no le quedaba de otra más que ir.
La cuarta noche, Alejandro ya se sentía lo suficientemente bien como para no tener que estar recostado.
Estaba sentado en la sala y, al ver que Elena salía de la cocina después de lavar los platos, le dijo:
—Señorita Navarro, a partir de mañana ya no es necesario que venga.
Elena se sorprendió un instante, pero asintió:
—De acuerdo, señor Vargas, asumo que ya no le duele la espalda, ¿cierto?
Para un hombre, una lesión en la espalda no es cualquier cosa.
Si llegaba a tener alguna secuela permanente, ella jamás se lo perdonaría.
Alejandro afirmó con un murmullo:
—Pero si me vuelve a doler, seguiré buscando a la señorita Navarro para que se haga responsable.
¿Qué quería decir con «hacerse responsable»?
Dicho con ese tono tan serio, el comentario sonó aún más provocador.
Las orejas se le pusieron rojas otra vez.
Tomó un respiro profundo y se despidió:
—En ese caso, me paso a retirar.
Esta vez, Alejandro no trató de detenerla.


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