Al verla con esa actitud de que no le importaba nada, Natalia soltó un bufido mental.
Ya vería si podía seguir tan tranquila cuando salieran los videos de seguridad.
El director Herrera llegó con el personal de sistemas y, ante la expectativa de todos, abrió las grabaciones recuperadas.
Justo en ese momento llegó Adriana. Al ver que todos estaban reunidos mirando algo, se acercó por curiosidad.
De repente, al ver la pantalla de la computadora, se quedó de piedra. Quiso detenerlos, pero ya era demasiado tarde.
Todos estaban sorprendidos al ver en el video cómo Adriana no solo borraba los datos de su propia computadora, sino también los de la computadora de Emiliano.
Y no solo eso; también había provocado intencionalmente el incendio del laboratorio al mezclar reactivos en el experimento de Elena, causando la explosión. Luego, se había escabullido en secreto, echándole toda la culpa a su compañera.
En ese momento, todos se dieron cuenta de que Adriana había armado todo ese teatro.
Los colegas que antes habían seguido el juego al difamar a Elena de pronto no supieron dónde meterse.
Dieron un paso al frente para disculparse con ella y fulminaron a Adriana con la mirada.
Los empleados del Grupo Romero no se atrevieron a decirle nada a Adriana.
Pero los del Grupo Vargas no tenían por qué guardarle consideración.
Esteban, que tenía el carácter impulsivo, al darse cuenta de que lo habían manipulado, la encaró de inmediato:
—Se supone que eres la directora de investigación y desarrollo del Grupo Romero, ¿no? Quién diría que eres pésima para tu trabajo, pero buenísima para tender trampas y difamar a la gente. A este paso, me pregunto si no habrás conseguido tu puesto con esas mismas mañas.
—Aquí no estás en el Grupo Romero. Si quieres causar problemas, vete a tu empresa. ¿A qué vienes al Grupo Vargas, sino a fastidiar a los demás y retrasar el proyecto? ¿No tienes vergüenza?
Ante los duros ataques de Esteban, Adriana se puso de todos los colores, pero fue incapaz de decir una sola palabra para defenderse.
Por respeto a Diego, el director Herrera intentó calmar los ánimos:
—Bueno, ya. Todos regresen a sus puestos, yo me encargaré de este asunto.
Tras decir eso, se dirigió a Adriana:
—Adriana, vamos a hablar.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico