Antes de que pudiera alejar la mano, las pestañas de Alejandro temblaron levemente. De pronto, abrió los ojos y le clavó la mirada, luciendo como si no tuviera ni una gota de alcohol encima.
Elena se quedó pasmada un segundo, pero reaccionó rápido.
—¿No está borracho, señor Vargas? —preguntó, un poco nerviosa.
La mirada del hombre se suavizó poco a poco y volvió a cerrar los ojos.
—Mhm, no lo estoy.
Aseguraba que no estaba borracho, pero aun así terminó inclinándose hasta apoyar la cabeza sobre su hombro.
Elena no se atrevió ni a respirar. El pulso se le descompuso por completo.
¿Cómo que no estaba borracho?
Estaba completamente ebrio.
De lo contrario, no estaría recostado en su hombro.
Aunque apenas y se conocían, ya se había dado cuenta de que, a pesar de sus buenos modales, él era alguien sumamente distante. Salvo por su abuela, parecía no interesarle nadie más.
El chofer regresó con el celular y, al ver a Alejandro recostado sobre Elena, se quedó sorprendido por un instante. Aun así, se recompuso rápidamente y le dijo:
—Muchísimas gracias, señorita Navarro. Deje la paso a dejar a su casa.
—No hace falta —rechazó Elena—. El señor Vargas está muy borracho, mejor llévelo a su casa. Yo me pido un taxi.
Tras decir eso, intentó enderezarlo, pero Alejandro estiró el brazo y la mantuvo pegada al asiento.
Antes de que pudiera entender qué estaba pasando, sintió el aliento cálido de Alejandro rozarle el cuello.
Ese roce le dejó la piel en tensión y le encendió las mejillas al instante.
El chofer sonrió:
—El señor Vargas seguro quiere que la lleve.
Y sin más, arrancó el coche.
Elena seguía sin poder moverse. Al percibir el aroma de Alejandro tan cerca, sentía que la cercanía de Alejandro la desarmaba más de la cuenta.
Ni siquiera cuando estaba con Diego había sentido una conmoción así.
De todos modos, no creía que fuera porque Alejandro le estuviera moviendo el tapete.
Lo más probable era que la hubiera alterado esa cercanía repentina con un hombre como él.
De pronto, el celular de Alejandro comenzó a sonar.
Mientras Elena dudaba si contestar o no, el chofer le pidió:
—Señorita Navarro, ¿podría checar si es la señora Vargas? Si es ella, avísele que ya casi llegamos, por favor.


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