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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 352

Durante ese tiempo, tenía muchas reuniones con Natalia para discutir estrategias y propuestas. Fue en esa etapa que se dio cuenta de que ella era mucho más capaz de lo que imaginaba.

—¿Hábitos? —murmuró Luca—. Es cierto, uno es producto de su entorno. La costumbre se vuelve naturaleza. Hay hábitos que parecen insignificantes, pero cuando desaparecen, se transforman en una obsesión muy arraigada en el pecho.

—Y dime, Luca, ¿tu dinámica con la doctora Ortega no te ha dejado algún hábito que nadie más pueda reemplazar?

—Sí, un par de cosas, pero son solo atenciones del día a día. Nada del otro mundo —respondió Luca con tono indiferente.

Pero aunque decía que no era nada, su mente hizo un recuento automático de los detalles que Natalia tenía con él.

Antes de un viaje de negocios, ella le preparaba la maleta, asegurándose de guardar hasta la rasuradora y el cable del cargador. Siempre le daba indicaciones antes de partir y le enviaba un mensaje para ver si había aterrizado con bien.

Cuando se enfermaba, ella pedía el día libre para ir a casa a prepararle las medicinas, lo cuidaba en cama y a mitad de la noche le tocaba la frente para revisarle la temperatura. A veces a él le parecía molesto, pero ella solo sonreía.

Natalia había estudiado medicina tradicional. Si él llegaba tarde de trabajar y la despertaba, ella se ponía una bata, le pedía que se recostara boca abajo y le masajeaba los hombros, bajando poco a poco por la espalda para relajarlo.

Luca frunció el ceño, sacudiéndose de la cabeza esos recuerdos tan cotidianos. Pensó que, si se tratara de otra mujer, también podría encargarse de esas trivialidades e incluso hacerlo mejor que Natalia.

No tenía sentido darle tantas vueltas a esas cosas.

Los tres hombres terminaron sus bebidas. Al final, Luca decidió ser el intermediario para que Denisa y Fabio tuvieran una plática.

Denisa llevaba en su interior cierto aire de delicadeza, esos caprichos de niña consentida cultivados por la familia Torres. Si un hombre no la conocía a fondo, tal vez no sabría tratarla bien.

Pero Fabio la había visto crecer. Conocía perfectamente sus rabietas y, sin duda, podría tolerarlas e incluso acostumbrarse a sus pequeños desplantes.

Los asuntos internos del corporativo le tomaron a Luca dos días más. En ese lapso, Denisa lo buscó una vez, pero solo platicaron de trabajo. Antes de irse, Luca la consoló pidiéndole que no se tomara a pecho lo que había dicho su abuela. Se notó un poco de resentimiento en el rostro de Denisa, pero no se quejó, mostrando una postura fuerte.

Luca por fin pudo hablar por teléfono con su hija, y al enterarse de que Erick no había viajado a Francia, se sintió mucho más tranquilo. Quiso platicar un poco con Natalia después, pero ella lo ignoró.

Al tercer día, Luca organizó una comida.

Eligió un restaurante privado y exclusivo que solían frecuentar, pidiendo un salón independiente con vista a un jardín muy bien cuidado.

Llegó primero, ordenó los platillos favoritos de Denisa y llevó una botella de vino tinto de excelente calidad.

Mientras los esperaba, Luca se paró frente a la ventana, jugando con un cigarrillo sin encender entre los dedos, ya que estaba prohibido fumar ahí.

Solo lo sostenía, sintiendo una mezcla de emociones extrañas en el pecho.

Era como si el viento hubiera despejado varias piezas borrosas en su cabeza. El encuentro de hoy se sentía como una obligación pospuesta por mucho tiempo, que por fin iba a saldar.

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