Luca se quedó helado, pensando que quizá estaba enferma o se sentía mal.
—Si esta es tu cosecha favorita, ¿cómo es que de repente ya no quieres?
Al ver su reacción, los ojos de Denisa se curvaron con una sonrisa. Luca de verdad recordaba todos sus gustos a la perfección.
—Pues simplemente ya no tomaré, no puedo. Y en cuanto a la razón... —Una mirada de misterio atravesó el fondo de sus ojos.
En ese momento, la puerta se abrió.
Fabio entró al salón con una sonrisa y, al ver a Denisa, empezó a bromear:
—Vaya, hoy tenemos a una belleza vestida de rosa, pareces una flor de primavera. Es imposible dejar de mirarte.
—Fabio, ¿podrías dejar de halagarme cada vez que me ves? Haces que me dé vergüenza —dijo Denisa, fingiendo molestia.
—Está bien, está bien, ya no te digo nada —rio Fabio, mostrando una sonrisa aún más radiante—. Solo dije la verdad. ¿Qué, tampoco me vas a dejar ser honesto? Qué mandona.
—Soy mandona, y no es como que me acabes de conocer. —Denisa soltó un bufido con orgullo coqueto.
Fabio sonrió con más ganas. Era evidente que, incluso si ella lo regañaba, a él le daba gusto.
Y toda esa dinámica no pasó desapercibida para Luca.
Si hace un momento le dolía la cabeza por el miedo a estar forzando las cosas, ver el cariño incondicional con el que Fabio trataba a Denisa lo dejó totalmente tranquilo.
Con eso... bastaba.
—Fabio, ven a sentarte. Hoy cenaremos nosotros tres nada más.
Fabio jaló una silla y se sentó, sorprendido:
—¿Qué pasó? ¿Vicente y los demás no tuvieron tiempo de venir?
La sonrisa en el rostro de Denisa se esfumó y sus pestañas temblaron un par de veces.
Luca sirvió vino en su propia copa y en la de Fabio:
—No, solamente los invité a ustedes dos.
Fabio se puso más serio al escuchar eso. Tomó la copa y estaba a punto de beber cuando Luca continuó:
—La verdad es que los llamé para hablarles de un asunto.
Por debajo de la mesa, Denisa apretó la tela de su vestido con fuerza, lanzándole a Luca una mirada teñida de ansiedad.
Fabio, totalmente confundido, se recargó en la silla esperando a que prosiguiera.
Luca guardó silencio unos segundos, pero, justo cuando iba a abrir la boca, Denisa se levantó de golpe.
Forzando una sonrisa, dijo:
—Luca, iré un momento al baño, platiquen ustedes.

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