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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 203

Nora abrió los ojos de par en par. ¿Desde cuándo el ocupadísimo líder de Grupo Torres se tomaba el tiempo para asistir a sus eventos sin estar invitado?

Luca llevaba el saco del traje sobre el antebrazo. Vestía una impecable camisa blanca con las mangas arremangadas hasta los codos y los dos primeros botones del cuello desabrochados.

Toda su postura exudaba una elegancia relajada pero imponente.

Se quedó plantado cerca de la entrada, recorriendo la multitud con la mirada.

Primero divisó a la pequeña Iria divirtiéndose con otras niñas, y poco después, localizó a Natalia en medio de una charla con varias damas refinadas.

Cuando Luca estaba a punto de dar un paso en esa dirección, una figura vestida de rojo fuerte se plantó en su camino.

—Vaya, vaya... ¿acaso no es el señor Torres? Que el señor Torres nos honre con su presencia es todo un privilegio —soltó Nora con una evidente dosis de sarcasmo. Aun así, le hizo una seña a un mesero para que le entregara una copa de champaña.

Luca la recibió con una sonrisa educada.

—Solo vine a buscar a Natalia y a mi hija. Disculpa por llegar sin invitación.

Nora se llevó una mano a la cintura y se echó a reír.

—¿Ya viste el modelo que trae Nati esta noche? ¿Qué te parece, señor Torres? Es un diseño exclusivo mío.

La mirada de Luca saltó por encima de la gente hasta posarse en Natalia, quien aún no se había percatado de su presencia.

—El vestido resalta su porte a la perfección —elogió él con sinceridad—. Sus diseños son verdaderamente únicos, señorita Nora.

Nora, sabiendo de sobra que él era un maestro de la diplomacia, bufó.

—Y dígame, señor Torres, ¿lo hermoso es el vestido o la mujer que lo lleva?

Luca se quedó pasmado por un instante. Notaba a la perfección el resentimiento que la mujer guardaba hacia él.

Estaba a punto de contestar cuando la voz de Natalia se adelantó.

—Nora.

Atrapada en plena provocación, Nora lanzó una sonrisa incómoda.

—Ay, Nati, llegaste en el peor momento. Todavía no lograba sacarle la verdad al señor Torres.

—Ya deja el tema por la paz —pidió Natalia, queriendo evitar un drama innecesario.

Pero Nora, encendida por el coraje, alzó las cejas y dijo lo que le roncaba el pecho:

—Nuestra Nati es talentosa y guapísima. De verdad no entiendo en dónde tienen los ojos algunos hombres, para andar prefiriendo...

—¡Nora! —la interrumpió Natalia con una súplica en los ojos, negando sutilmente con la cabeza.

La diseñadora cerró la boca de golpe, aunque fulminó a Luca con la mirada.

Luca mantuvo intacta aquella sonrisa amable, como si los dardos de Nora fueran simples bromas inofensivas entre amigos.

—¡Papá! —Iria corrió emocionada a abrazarle la pierna. Tenía la carita llena de asombro—. ¿La señorita Nora también te invitó?

Él se inclinó para cargarla en brazos, le dio un beso en la mejilla y respondió con voz dulce:

—No, mi amor. Papá estaba en una junta aquí en el hotel, las vi por casualidad y quise acercarme a saludarlas.

—Ah... Es que ya llevamos mucho rato aquí y mi mami ya nos quería llevar a la casa —comentó la niña, jugando con el cuello de la camisa de su padre.

Luca miró a Natalia, con los ojos ensombrecidos por algo indescifrable.

—¿Ya se van a casa?

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