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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 187

Natalia se recargó en su silla, levantó la mirada hacia Darío y respondió con calma:

—Solo fueron unos comentarios en el trabajo. No llegó a ser una pelea y ya está resuelto.

Darío notó la tristeza en sus ojos y soltó una leve risita.

—Natalia, aquí estamos en confianza, no necesitas darme respuestas de manual. ¿Qué te dijo Luca? —preguntó Darío, poniéndose serio.

Los dedos de Natalia, que descansaban sobre el escritorio, se tensaron un poco.

Darío dio un pequeño paso hacia adelante:

—Conozco el carácter de tu asistente. Es muy buena en su trabajo, pero no tiene pelos en la lengua y es súper leal a ti. Hoy seguro la sacaron de sus casillas y por eso habló de más.

Natalia no lo contradijo, pues tenía toda la razón.

—Sé que Paulina no manejó bien la situación esta vez y les dio motivos para atacarnos. Ya platiqué con ella; sabe que no debe mezclar sus emociones personales en el trabajo y tendrá más cuidado —dijo Natalia, levantando la vista hacia Darío—. Lo siento, ¿esto afectó la imagen de la empresa?

—Para nada. —Darío no esperaba que se disculpara con él. Su mirada se volvió más profunda—. Luca siempre prioriza la visión general de la empresa, pero cuando se trata de cierta persona, pierde la objetividad. Solo espero que no salgas lastimada.

El corazón de Natalia, que apenas había logrado calmarse, volvió a agitarse como si una ola lo hubiera golpeado.

Al ver su expresión tan contenida, Darío suspiró:

—Si ni tu propia gente se deja pisotear, ¿por qué tú aguantas tanto? No te pases de buena, no tienes por qué soportar todo esto.

—Darío. —Natalia levantó la mirada y lo vio directo a los ojos—. No hay que mezclar el trabajo con los asuntos personales.

—Natalia, quedarte callada y ceder no te va a garantizar la paz. Cuando toca ponerse firme, tienes que hacerlo. Eres una mujer inteligente y lo que más quiero es que sepas cómo protegerte. —Darío frunció un poco el ceño y su rostro perdió todo rastro de sarcasmo, mostrándose increíblemente serio.

Ante aquella genuina preocupación que rebasaba la relación de jefe a empleada, Natalia asimiló el consejo.

—Gracias por preocuparte y por el consejo.

Después de un largo rato, Natalia habló despacio y con un tono más suave:

—Hay cosas que no se pueden cortar de raíz en este momento, pero sé muy bien lo que hago.

Darío la observó. Un destello de emociones encontradas cruzó por su mirada antes de volver a la normalidad:

—Está bien, mientras lo tengas claro, me basta. ¿Tienes planes para esta noche? Apenas regresé al país. ¿Quieres que vayamos a cenar y te actualizo sobre el progreso del proyecto?

Natalia le contestó:

—Esta noche voy a cenar a casa de mis papás. Mejor lo checamos mañana.

Darío no tuvo más remedio que asentir:

—De acuerdo, platicamos mañana.

Dicho eso, se dio la vuelta, abrió la puerta y salió de la oficina.

La oficina volvió a quedar en silencio. Los tonos rojizos del atardecer se filtraban por la ventana. Natalia se quedó sentada en su silla, absorta en sus pensamientos por un buen rato, antes de salir y manejar hacia la casa de la familia Ortega.

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