—¿Cómo se atreven a algo así? —La mirada de Cristina se volvió afilada.
—Así es. Dijeron que la entrevista originalmente era para la doctora Ortega, y como ella la rechazó, se la pasaron a la señora Palma. Ahora todo el mundo cree que la señora Palma anda recogiendo las sobras…
La voz de Verónica se fue apagando y agachó la cabeza.
La cara de Cristina se puso verde del coraje, era evidente a simple vista.
Con razón. Otra vez Natalia.
Se daba aires de superioridad rechazando la entrevista, y luego, a sus espaldas, permitía que sus empleadas soltaran ese veneno para humillar a Denisa.
¿Quién podría no sentirse mal después de algo así?
—Ya escuché suficiente. Ve a hacer tus compras. —Cristina se dirigió hacia el elevador con cara de pocos amigos.
Su resentimiento seguía creciendo.
Natalia se hacía la humilde y la discreta, pero no dejaba que nadie más brillara. Era una actitud de lo más perversa.
Al llegar a la habitación, el ruido de la puerta al abrirse despertó a Denisa.
Abrió los ojos, aún somnolienta, y vio a Luca sentado a su lado. Cristina también entró.
—Mamá, Luca, ¿qué hacen aquí? —preguntó Denisa, fingiendo total sorpresa.
Luca seguía apoyado en el respaldo de la silla y respondió con dulzura:
—Llegué hace un rato. Como vi que estabas dormida, no quise molestarte.
Al ver la cara pálida de Denisa, a Cristina se le partió el corazón.
De inmediato, miró a Luca y lo regañó:
—Luca, tú también tienes la culpa. Denisa siempre ha sido delicada de salud, y con la presión que hay en Altium Médica, ¿cómo no mandaste a nadie a cuidarla?
Luca se frotó las sienes y dijo con voz ronca:
—Fue un descuido mío. Mamá, a la próxima asignaré a otra persona para que le ayude.
—¿Cómo es que recaíste tan feo? ¿Pasó algo? —preguntó Cristina, haciéndose la desentendida.
Luca no respondió, apretando sus delgados labios.
Como era de esperarse, Denisa tampoco abrió la boca. Primero echó un vistazo a la expresión de Luca y luego agachó la cabeza, dejando escapar un ligero brillo de lágrimas en las esquinas de los ojos.
Al verla así, a Cristina se le ablandó por completo el corazón.
—Denisa, descansa y no te preocupes. Si alguien no soporta verte brillar, tu madre se encargará de ponerla en su lugar.
Dicho eso, Cristina clavó su mirada en Luca:
—Y tú, Luca, hay cosas en las que ya deberías tomar cartas en el asunto.
El atractivo rostro de Luca se tensó por un momento, pero luego asintió:
—Entendido, mamá. Quédate cuidando a Denisa, yo tengo algo que hacer y me tengo que ir.
—¿A dónde vas? —preguntó Cristina.
—Voy a casa de la familia Ortega. Irita está allá, pasaré a recogerla —explicó Luca antes de abandonar la habitación.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo