No esperaba que detrás de esto estuviera el rechazo previo de Natalia, y mucho menos que la gente a su cargo hablara sin filtros, dirigiendo el asunto hacia Denisa de una manera tan humillante.
Al pensar en la actitud rebelde que Natalia había tenido últimamente, Luca sospechó que tal vez estaba canalizando su descontento hacia él a través de sus ataques contra Denisa.
Luca se dio la vuelta, apagó el cigarro en el cenicero y levantó el teléfono fijo del escritorio:
—Dile a Natalia que venga a mi oficina.
Media hora después, Natalia tocó a la puerta y entró.
Llevaba un abrigo negro y un suéter beige de cuello alto, luciendo un estilo sencillo y distante.
Caminó directo hasta el escritorio, se detuvo y esperó a que Luca hablara.
—¿Sabías que te mandaría a llamar? —preguntó Luca, frunciendo el ceño al ver su expresión tranquila y de quien ya lo sabía todo.
Natalia respondió con indiferencia:
—Si tiene algo que decir, señor Torres, adelante.
—Me enteré de que tu asistente se peleó con alguien en Altium Médica por el tema de la portada de la revista de Denisa. ¿Sabes algo de esto?
La mirada de Natalia parpadeó levemente. Precisamente porque lo sabía, había anticipado que Luca la buscaría.
—¿A qué se refiere exactamente el señor Torres? Si se trata de chismes y discusiones en el área de trabajo, creo que el departamento de recursos humanos o administración sería el indicado para resolverlo.
Natalia no quería convertirlo en un conflicto personal, por eso mencionó a los departamentos correspondientes para mediar.
El rostro de Luca se ensombreció de inmediato, notando la actitud distante y evasiva en sus palabras.
—¿Estás al tanto y, además, lo permites? —preguntó Luca de frente, mirándola fijamente a los ojos.
Natalia bajó la mirada hacia el escritorio y dijo con voz neutra:
—Lo que dijo mi asistente es la pura verdad, no necesita mi permiso para eso.
—¡Natalia! —Luca pronunció su nombre con un tono más severo—. ¿Crees que es un simple chisme? Esto afecta la reputación de Denisa y también la armonía entre ambas empresas.
Natalia se quedó perpleja por un instante.
Claro, en el corazón de Luca, Denisa era alguien que no podía sufrir ni el más mínimo agravio.
—Entendido. Corregiré el comportamiento de mis subordinados, pero también le pido al señor Torres que le diga a la señora Palma que, a veces, enfrentar la realidad no tiene nada de vergonzoso.
—Natalia, haz que tu asistente ofrezca una disculpa pública —exigió Luca con voz profunda y sombría.
La mirada de Natalia se volvió gélida, y el aire en la oficina pareció congelarse en ese instante.
—Luca. —Su voz sonó grave, pero articuló cada palabra con claridad—. Paulina es mi asistente. Conozco perfectamente su desempeño y capacidad profesional. Si sus comentarios personales causaron un impacto negativo, lo manejaré según las reglas de la empresa. Pero, antes de tomar medidas, ¿no deberíamos investigar la verdad de los hechos? Así sería más justo tomar una decisión.
Los ojos de Luca se oscurecieron aún más y le preguntó de inmediato:

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