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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 179

Aquellos comportamientos incómodos de la adolescencia, vistos desde el presente, dejaban un sabor muy particular.

Si el tiempo pudiera regresar...

Erick jamás habría vuelto a huir de ella. Habría buscado cualquier pretexto para hablarle, para... acercarse.

—Oye, ¿por qué te pones rojo? Natalia está casada, así que ni le busques —comentó Darío. Su radar interno había notado el rubor de Erick incluso con esa iluminación tenue.

—Tranquilo, no pasará nada —contestó Erick sin alterarse, y luego sonrió—. Solo que ya tiene tantos años de eso, que ahorita me da mucha nostalgia acordarme.

Natalia soltó una leve risa y asintió:

—Yo de lo que me acuerdo es que tocabas el piano increíble.

Erick se quedó paralizado y su mirada pareció perderse un poco:

—Yo juraba que ni me escuchabas. O que, aunque lo hicieras, ya ni te acordarías.

Pero Natalia apretó los labios, sonriendo:

—Oye, yo estaba enfocada en las ciencias y no tenía mucha vena artística. Para mí, tu manera de tocar el piano era música pura para mis oídos. Algo difícil de olvidar.

Darío se apoyó la barbilla en la mano, paseando su mirada entre los dos. Estaba claro que solo estaban recordando cosas del pasado, pero... ¿por qué sentía unos celos extraños?

—¿A poco se gustaban en aquellos años? —Darío levantó la ceja y tiró la broma.

Natalia levantó la vista y miró a Darío. Aunque sus ojos lucían tan tranquilos como el agua en reposo, hicieron que Darío borrara un poco la sonrisa.

Erick, por su parte, se limitó a seguir tomándose su bebida en silencio.

Los tres pasaron a hablar de temas de trabajo y no volvieron a mencionar el pasado.

Como Darío era una máquina de hacer plática, era imposible aburrirse teniéndolo cerca.

Así, comiendo y platicando, la hora de la comida llegó a su fin.

Darío le echó un ojo a su reloj y le dijo a Erick:

—Natalia y yo tenemos que apurarnos de regreso. A las cuatro y media hay una junta. Erick, ¿tú cómo te vas?

Erick contestó:

—Nuestro chofer está allá abajo.

Darío asintió y se puso de pie. Cuando Natalia estaba a punto de levantarse, Darío pareció estirar la mano por mero instinto para agarrar ligeramente el respaldo de su silla. Luego le dijo a Erick:

—Entonces nos vemos pronto. Queda pendiente otra salida.

A Erick no se le escapó en lo absoluto aquel gesto instintivo. Algo parpadeó en sus ojos, pero mantuvo intacta su sonrisa:

—Claro, hasta la próxima. Vayan con cuidado.

Erick bajó con ellos para despedirlos y esperó hasta que subieron al coche y arrancaron. Solo entonces, dio la vuelta y se fue a buscar a sus colegas.

Ya en los asientos de atrás de la camioneta ejecutiva, Darío preguntó de la nada:

—Natalia, ¿qué opinas de Erick? Yo lo conozco desde hace años y siempre ha sido alguien súper estricto y disciplinado. Tiene muy buena reputación.

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